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La Fundéu
Una de las virtudes de la Fundación del Español Urgente es salir al encuentro del balón, es decir, antes de la avalancha de gazapos por una noticia extraordinaria, como fue la partida de Gabo, les sale al camino por medio de boletines de correo electrónico para prevenirlos, correos que nos llegan a los que tenemos que ver con el uso de la palabra escrita o hablada. Aun así, hubo medios cuyos periodistas no alcanzaron a ver esas correcciones y cayeron en los respectivos errores. Fueron ocho las recomendaciones. Comentaré, sin citas, las que alcancé a ver incumplidas en algunos escritos.
Los hipocorísticos no son apodos, sino nombres coloquiales abreviados que nunca van entre comillas. Por lo tanto, no se escribe Francisco “Pacho” Galán, sino Pacho Galán o Francisco Galán (no escribo las comillas que se deben poner a los ejemplos para no crear una confusión en lo que estoy enseñando). Es de anotar que los apodos, según la Ortografía 2010, sólo van entre comillas (o en bastardilla sin comillas) cuando están entre el nombre de pila y el apellido del apodado.
En los nombres de las obras de creación sólo llevan mayúscula la primera palabra y los nombres propios. Norma olvidada por jóvenes periodistas que no han abierto la Ortografía 2010. Van en bastardilla o entre comillas dobles (no simples, que nos invadieron) si el editor no dispone de ese tipo de letra. «La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada».
La palabra «alzhéimer» es un nombre común como todos los de las enfermedades: sida, gripa, etc. Va con minúscula y con tilde, diferente de «mal de Alzheimer», expresión que alude al nombre del científico alemán que estudió la enfermedad.
Por otro lado, resucitaron la coma del vocativo y la que reemplaza el verbo (la que no ha podido aprender mi gobernador Fajardo): «Gracias, Gabo» (El Colombiano); «Adiós, genio de Macondo» (La Jornada, México); «Gabo, el patriarca de la soledad» (El Telégrafo, Ecuador).
Algunos de mis lectores se enfadan porque estas notas se vuelven repetitivas. Dejarán de serlo cuando desaparezca la causa.
Sófocles*
gazapera@gmail.com
