Aunque la primavera había comenzado hacía cuatro semanas, la tarde del jueves 19 de abril de 1860, cuando Gustav Franz Steinig llegó al mundo, fue fría y brumosa en el pequeño poblado alpino de Goldegg, a la sazón perteneciente a la Confederación Germánica. Hijo de un modesto cultivador de remolachas, Gustav vivió, desde su primera infancia, los avatares políticos que llevaron a su país a convertirse en el imperio austrohúngaro cuando apenas había aprendido a leer (solo lo que le convenía) y a escribir (solo lo que lo apasionaba).
En su adolescencia, Gustav viajó a la ciudad de Salzburg con el propósito de iniciar estudios de...
Por Héctor Francisco Torres
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