El DANE publicó recientemente el Anuario de Estadísticas Vitales, que contiene datos sobre demografía y salud de la población colombiana esenciales para la formulación de políticas. Por ejemplo, el Anuario revela una notable reducción en la mortalidad por desnutrición de niñas y niños menores de 5 años en la primera década de este siglo, así como una preocupante tendencia errática desde 2016 —oscilando entre 6,8 y 10,4 muertes anuales por cada 100.000 menores de 5 años.
La mortalidad infantil por desnutrición es la manifestación más extrema y dolorosa de la inseguridad alimentaria y, en 2018, el CONPES la incluyó entre las 17 “metas trazadoras” para la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, lo que significa que es el indicador clave que orienta las políticas para erradicar el hambre.
Curiosamente, hasta ahora era prácticamente imposible encontrar una estimación oficial de la misma y los datos que existían subestimaban su magnitud: por ejemplo, el Anuario nos informa que en 2015 se produjeron 7,9 muertes por desnutrición por cada 100.000 menores de 5 años, y no 6,8, como asumió el CONPES en 2018. Del mismo modo, en 2016 la misma tasa fue en realidad de 9,5 por 100.000 y no de 8,2, como se asumía en el actual Plan de Desarrollo.
Aunque esta revisión al alza no se debe principalmente a que hubiera más muertes (en promedio 330 menores de 5 años mueren en Colombia cada año por esta causa) sino a ajustes en las proyecciones demográficas, de todas maneras implica que la línea de base era más alta de lo que se pensaba y, por lo tanto, el esfuerzo para reducirla debe ser mayor.
El Anuario también confirma las abismales brechas subnacionales características de Colombia: por ejemplo, en 2019, la tasa de mortalidad infantil por desnutrición en La Guajira fue siete veces más alta que la nacional y ¡105 veces más alta que la registrada en Bogotá! Entre niñas y niños indígenas, la tasa es casi diez veces superior al promedio nacional. Pero las estadísticas también muestran que estas brechas no son infranqueables: Tolima, Caquetá y Quindío estaban en la cola inferior de la distribución en 1998, pero mostraron en 2019 cifras mucho mejores que el promedio nacional. Y La Guajira, que en 1998 tenía resultados mejores que el promedio nacional, ha sido en años recientes el departamento donde más niñas y niños mueren por esta causa.
Las cifras preliminares de 2020 sobre casos de desnutrición aguda y muertes por desnutrición en menores de 5 años sugieren que los programas de ayuda implementados por el gobierno nacional y las alcaldías durante la pandemia ayudaron a reducirlas. El “retorno a la normalidad” debería traer medidas decisivas y consistentes para erradicarla antes que termine esta década, incluyendo acciones efectivas para contener incrementos súbitos en los precios de los alimentos.
* PhD en Estudios del Desarrollo, London School of Economics. Profesor de la Universidad de los Andes.