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Se equivoca la Alcaldía de Bogotá defendiendo el diseño del corredor verde con lugares comunes: este es mejor que el anterior, ahora sí se prioriza el interés general, los dueños de carro deben ceder espacio al transporte público, los peatones y las bicicletas. Se equivocan porque los números son contundentes a favor del proyecto y beneficiosos para los habitantes de la séptima. No hay que irse por las ramas.
La presentación debe ser específica y didáctica sobre el impacto en los habitantes del sector. Por ejemplo, hay que hacer énfasis en que todos los predios y garajes en sentido norte-sur sí tendrán acceso por la séptima; para quienes vienen del norte a tomar la circunvalar, se mantienen dos carriles hasta la 92, pero sin semáforo en la subida, en la intersección de la 84 ni en la 82. No sobra recordar que van a salir todos los buses contaminantes, que hoy bloquean carril y medio de la calzada occidental.
Esto es posible porque, contrario a la percepción, en la hora pico, por debajo del puente de la 100 sentido norte-sur pasan 2.300 carros con 2.800 personas; 850 carros llegan a la 92 y solo 750 a la 85. Al final del sector, por la 72 solo pasan 1.000 carros con unas 1.200 personas en la hora.
Aunque la discontinuidad es cuestionable, porque se hubiera podido mantener sin el carril exclusivo de sobrepaso para buses con manejo operacional, en la práctica quien vive entre la 92 y la 72 y va al sur puede subir a la circunvalar o por la 77 como hoy, o bajar por la 92 a la NQS o por la 87, 85, 76, 72 y otras a la 11, que volvería a tener cuatro carriles, sin sacrificar la ciclorruta.
Por supuesto, si se necesita ir a la séptima, se puede subir por la calle más cercana al punto de destino. Es un ajuste operativo similar al de la novena, la 11 y la 15, cuando pasaron de doble sentido a uno, que ha funcionado bien. Entre la calle 72 y la 39 habrá continuidad norte-sur. Finalmente, entre la 39 y la 28 la situación sería muy similar a como funciona hoy.
Las vías urbanas con andenes amplios y zonas verdes suelen ser las más valiosas; no así las de tráfico rápido y largos recorridos. Es curioso que luego de explicado el proyecto a algunos habitantes del sector, digan que aunque observan que no se ven afectados no les gusta y se manifiestan en contra, porque esto afecta la movilidad de otros ciudadanos que pasan por la séptima. Esta generosa posición recuerda las protestas de los vecinos del mismo sector cuando se les plantearon los ajustes al parque El Virrey y Japón, que hoy disfrutamos en silencio.
Sería muy bueno que esta vez los vecinos sean egoístas y solo se preocupen porque se arregle la peor séptima de la historia, a pesar, como en mi caso, de haber participado en las audiencias públicas y privadas pidiendo la continuidad del carril occidental para beneficio de los demás, sin que se hayan tomado mis argumentos. Allá la Alcaldía si quiere mejorar la tranquilidad, el tráfico y valorizar los edificios de la séptima.
* Exgerente de Transmilenio.