En días muy recientes y de fuentes de mucha altura he escuchado y leído la muy equivocada afirmación de que la agricultura es una de las principales fuentes de contaminación en Colombia como generadora de gases de efecto invernadero (GEI). Quizá por equivocado manejo de la denominación de uno de los sectores importantes de la economía del país, por generalización errónea o por algo semejante, pero al doctor Juan Benavides lo escuché y lo vi afirmando eso en un foro presentado por YouTube el pasado miércoles 19 de octubre llamado “Cambio climático en Colombia, transición energética y transformación productiva”, organizado por Cedetrabajo. Eso dijeron él y otro de los participantes en el foro, que si mal no recuerdo fue Diego Otero. Y lo mismo afirma el doctor Moisés Wasserman, en su columna de El Tiempo, el siguiente y ya pasado viernes 21 de octubre al referirse a un estudio de Fedesarrollo, dirigido por el mismo Ph. D. Juan Benavides.
Según el IDEAM, el sector agropecuario genera 22 % de las emisiones de GEI. Así como el de agua y saneamiento básico genera el 14 %. Pero no por eso se puede afirmar que los acueductos en su actividad de suministrar agua sean fuentes de contaminación en Colombia como generadores de GEI. En ese sector, toda la contaminación con sus gases proviene de la actividad de saneamiento básico, no de los acueductos. De igual manera, en el sector agropecuario prácticamente toda la contaminación proviene de la actividad pecuaria por la generación de lo que llaman las “flatulencias de las vacas”, que son puro metano también generado por los toros y los novillos, los caballos, los cerdos y todos los animales vertebrados, incluidos los humanos. Pero la agricultura no puede ser calificada o catalogada como generadora de esos gases. Tal vez genere, no siempre, una ínfima porción por la descomposición y/o compostaje de malezas, hojarasca y desechos de producción.
Según la misma fuente, la actividad más generadora de GEI en Colombia es la deforestación al quitar al bosque los follajes y demás elementos atrapadores de CO2 para soltarlos a la atmósfera, posiblemente más recargados de ese compuesto cuando se queman esos residuos. La participación de esa dañinísima actividad alcanza el 33 % de los GEI totales del país. Preocupémonos por eso y por la forma de alimentar a una creciente población de seres humanos y de animales grandes, requeridos a su vez para alimentar a los humanos en todo el planeta.