Existen múltiples sinónimos de la palabra ficción: mentira, irrealidad, invención, cuento, fábula, mito, utopía y quimera, entre otros.
La literatura ficcional se ha encargado de provocar a los lectores para que habiten los lugares más hiperficcionados dentro de mundos imposibles. Lo paradójico de esta situación es que a esa literatura se le ha endilgado, en grado extremo, que es una anticipación de la realidad, que sus ficciones hiperbolizadas se convierten, sin excepción, en concreción material en tiempos pretéritos. Julio Verne y Pelé en un mismo acontecimiento: magia. En fútbol, la ficción se vive en cada partido: con porterías hechizas se “calientan los ánimos” porque el gol sí fue gol y el pedazo de tarro sí cruzó la raya (de mentiritas) de meta (conversación para definir la existencia). En los partidos oficiales Dios está en la mitad de ambos “bandos”. Ruegos de un lado, ruegos del otro. Hacer un gol es ya una fantasía porque despierta emociones, hay cánticos gloriosos y el mundo, cansado, maluco y pesado, se convierte en esperanza, alivio y posibilidad. Se ficciona, se hace trampa, hay invención, la televisión muestra en cámara lenta lo que fue, lo que no fue y lo que quiere dejar ver. La radio hace lo mismo en vivo y en directo, pero es una narrativa ficcionada porque hay miles de seres humanos que “ven” los partidos a través de esa otra ficción que es la voz humana que cuenta gestas deportivas. El fútbol es el único deporte que se juega con los pies y, además, es el espectáculo en el que más dinero se invierte: publicidad, mercadeo, política, apuestas, literatura, radio. De domingo a domingo las emisoras y canales de televisión le dedican al fútbol el 90% de su programación diaria. El fútbol, por eso mismo, es un arte extraño, paradojal y dinámico, porque sus reglas y normativas cambian poco; es un arte de lo impensado que se multiplica antropológicamente gracias a la mentira, al azar, al juego y a la sonoridad de sus enunciados. Cuántas metáforas se han urdido entre poetas, escritores y filósofos para cantarle a ese arte, para endulzar y entristecer el alma humana con imágenes que hacen pensar que “para conocer la realidad se necesita mucha ficción”, sobre todo en nuestro contexto latinoamericano, tocado por una historia adolorida por decisiones antihumanas y que, por eso, no renuncia al juego como una manera de atenuar el ardor de vivir. Estadios “untados” de la sangre de obreros, jóvenes y mujeres agredidas, estadios ateridos por el frío de la muerte y, sin embargo, sosegados por la esperanza de que la selección conquiste un triunfo-ofrenda para los dioses. Un homenaje al gol tejido.