Shanghái — Durante casi tres años, salir de mi departamento implicaba una rutina no muy distinta a la de un piloto de avión antes de despegar. Cubrebocas: puesto. Desinfectante de manos antiviral: a la mano. Código verde en mi celular con la prueba negativa de COVID más reciente: preparado. Valor para salir a la calle y arriesgarme a que me encierren en algún lugar: listo.
Y entonces, de repente, la engorrosa estrategia china de “cero COVID” y la propaganda alarmista se acabaron. Casi de la noche a la mañana, un Gobierno que hacía poco se había comprometido a “apegarse de manera inquebrantable” a su enfoque de no tolerancia ha...
Por Eva Rammeloo
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