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Todo inició a las cinco de la mañana. Tengo la costumbre de levantarme a revisar las redes sociales. Con molestia me encontré con una columna más de una persona que no desaprovecha oportunidad para tergiversar el papel social de las empresas ignorando el papel que juegan en generar trabajo, pagando impuestos y produciendo valor.
Siempre ha sido popular atacar a las empresas, sin importar si se trata de las que criticaban Marx y Engels, o las que practican hoy el capitalismo consciente. Pero esa no es la historia.
Pensaba que algunos no tienen mucha idea de cómo es hacer empresa y lo complejo que es tomar el riesgo y decidirse a generar empleo. Pensaba en cómo cada pieza de la sociedad tiene su razón de ser y que el Estado, el sector académico y el sector empresarial deben coexistir para que cada uno pueda cumplir su papel.
Decidí entonces publicar un trino que hablara de eso, que defendiera el papel social de la actividad empresarial y las personas que trabajan en ellas, frente a algunas personas que no lo reconocen, o lo ignoran, o simplemente hacen populismo. Esa era mi intención.
Y, no hay duda, eso salió mal. Muy buena parte de los lectores sintieron que era una crítica generalizada a funcionarios públicos y académicos. Otros aprovecharon para tergiversarlo. La redacción se prestaba para ello. Un mal trino, especialmente porque podía ser interpretado con un sentido que no comparto.
Rápidamente los 280 caractéres empezaron a generar reacciones positivas y negativas. Cientos, miles de “me gusta”, retrinos y reacciones indignadas que lo entendieron como una crítica a los grupos mencionados.
Busco ser cuidadoso en mis declaraciones públicas, especialmente porque me considero un gran crítico de la polarización como herramienta para buscar popularidad o ganar un debate. Me parece una actitud irresponsable y egoísta. Pronto me di cuenta de que ese mensaje era un ejemplo de todo lo que he criticado y contra lo que lucho. Mis mensajes en redes usualmente están lejanos a ser #Tendencia, quizás por ese convencimiento de que quienes hablamos en público, es decir todos los que somos activos en redes, debemos ser responsables.
Al momento de escribir esta nota, el trino tiene 4.053 “me gusta”, 1.301 retrinos y 660 comentarios. Cuando eso pasa, o se dijo una genialidad que cambiará el mundo o se trata de una grave equivocación de juicio. En mi caso, fue lo segundo. Como dijo Humberto de la Calle en una columna dedicada a esos 280 caractéres, se trataba de un trino “lamentable”. A Humberto le diría que estoy de acuerdo con la mayoría de su columna, si uno entiende lo que, con razón, pudo haber entendido él. Pero también le diría que me dio una paliza injustificada dándole un alcance que no tenía, una intención que no tenía. Conociendo su inteligencia, puedo incluso imaginar que él hubiera podido saber que eso no era lo que quería decir ni generar, incluso por otro trino posterior que intentó aclarar el malentendido en el que me sentía envuelto.
En algún momento tuve la tentación de borrar el trino, pero de alguna forma el daño ya estaba hecho. Muchas personas sobre quienes tengo la mejor opinión habían reaccionado. Preferí tratar de aclararlo con un segundo trino.
El error fue mío y me corresponde reconocerlo, tratar de enmendarlo aclarando la verdadera intención y pedir excusas a quienes se hayan podido sentir aludidos. Al hacer esto corro el riesgo de defraudar a aquellos que le dieron “like” al trino con la esperanza de que estuviera criticando a todos los grupos mencionados, en ese caso no me merecería su apoyo.
No sobra terminar resaltando que he sido funcionario público, profesor por más de 14 años y, aunque no he sido parte de la burocracia internacional, aprecio el papel que juegan en nuestra sociedad todas las personas que se dedican a esos oficios.