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La larga marcha de China y América Latina

Columnista invitado EE y Guillermo Puyana Ramos

10 de agosto de 2023 - 01:53 p. m.

En mayo de 1990, el embajador de Colombia en China envió un informe a la Cancillería colombiana titulado “Yang Shangkun en América Latina”, diciendo que la visita del entonces presidente chino a México, Brasil, Uruguay, Argentina y Chile “reviste una gran significación de largo alcance y ayudará a proyectar su política de apertura al exterior y de cooperación amistosa con todos los países”.

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Yang Shangkun fue presidente de 1988 a 1993, y cuando hizo su viaje a América Latina tenía 83 años. Desde entonces, todos los presidentes chinos han visitado América Latina por lo menos una vez.

El actual presidente, Xi Jinping, ha venido cinco veces desde 2013, con un total de once países visitados. Desde ese año, en Estados Unidos transcurrieron la segunda presidencia de Barack Obama y las de Donald Trump y Joe Biden que, sumados, cubrieron 7 países en igual cantidad de giras. Trump solo fue a Argentina para la cumbre del G20 y Biden solo ha ido a México a la cumbre de líderes de Norteamérica (Canadá-Estados Unidos-México).

La comparación de las visitas a América Latina de los presidentes de las dos más importantes potencias mundiales de la era actual es interesante porque se ha creado la idea suspicaz de que la presencia China en la región es algo reciente. Pero resulta que China siempre ha alineado sus posiciones con los intereses de los países latinoamericanos. Por ejemplo, desde principios de los 1960, aun sin tener relaciones diplomáticas, apoyó a Panamá en la recuperación del canal; respaldó la declaración de América Latina como zona no nuclear en los años 1970; y ha acompañado a Argentina en la reclamación de la soberanía sobre las Islas Malvinas.

América Latina siempre tiene lugar en los más importantes documentos de política exterior de China, el más reciente de febrero pasado, el documento conceptual de la iniciativa de seguridad global que dice que China debe “Apoyar a los países de América Latina y el Caribe en el cumplimiento activo de los compromisos asumidos en la Proclamación de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, y apoyar a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y a otras organizaciones regionales y subregionales para que desempeñen un papel activo en el mantenimiento de la paz y la seguridad regionales y en el manejo adecuado de los focos de tensión regionales”.

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Hoy la presencia de China se sienta más por dos factores: su desarrollo basado en la reestructuración de su economía y la apertura al exterior, y su identidad como país subdesarrollado. Es un país que logró enfrentar los retos del desarrollo reduciendo la pobreza, calificando su mano de obra, incrementando la productividad y construyendo un enorme mercado interno, todo lo cual se sustentó en garantizar su autonomía, independencia, seguridad y soberanía.

Para América Latina, que es una región de países en vías de desarrollo, el proceso de independencia y desarrollo socio económico de China es un espejo en el cual mirarse, como un caso único en la historia humana en el que un país pobre logra alcanzar un tamaño de la economía similar a la superpotencia prevaleciente, y disputar la preminencia tecnológica de esa potencia teniendo un ingreso per cápita seis veces menor: según el Fondo Monetario Internacional, el ingreso per cápita de Estados Unidos para 2023 será de 76.000 dólares, mientras que el chino será de 13.000, similar al de México o Argentina, inferior al de Panamá (17.000), pero superior al de Brasil (8.000) y Colombia (6.000).

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La experiencia de China como país que se levanta del subdesarrollo para competir en términos de poder económico integral y tecnológico con una potencia prevaleciente, gracias a un proceso de independencia y protección de su soberanía, indudablemente tiene un significado político enorme.

Para China, América Latina tiene potenciales económicos significativos por su capacidad de producción de bienes primarios agrícolas, pesqueros y mineroenergéticos necesarios para el desarrollo chino, pero también por su población: con 652 millones de personas es el 8,2 % del total mundial− pero su participación en el producto mundial es del 6,2 %, reflejando los desbalances y déficits del desarrollo global que se han ido corrigiendo, entre otras, gracias al crecimiento de China.

Cuando empezó la segunda fase de modernización de China en 1980 con la reforma y la apertura, el país tenía el 22 % de la población mundial y representaba el 1,6 % del producto mundial. 43 años después, China tiene el 17,7 % de la población y participa en la producción global con el 17 %. Latinoamérica, en cambio, ha mantenido la misma participación tanto en producción como en población.

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En 1992, cuando el embajador colombiano redactó su informe, los negocios entre China y América Latina eran insignificantes, apenas el 2 % del comercio total chino. Para 2022, la cifra fue del 7,4 %, en gran medida por el crecimiento de China, que se expresó en ser el centro de producción mundial, pero desde hace unos diez años en ser un centro de consumo cada vez más calificado.

Mientras la región tiene un rezago de su participación en el producto global (6,2 %) en relación con la población (8,2 %), el peso en el comercio global de China (7,4 %) supera el porcentaje que la región representa en el producto mundial. No hay ningún otro socio de América Latina entre las mayores economías del mundo, salvo Estados Unidos, con quien tengamos un peso en su comercio superior al que tenemos como participación general en el producto mundial.

Pero el comercio entre Estados Unidos y América Latina está dominado por México en un 68 %. Cuando en la ecuación está incluido México, América Latina es el 22 % del comercio de Estados Unidos, pero solo el 7 % sin México, que dobla todo el comercio de Centro y Sur América con Estados Unidos. Con China esa distorsión no existe.

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Por otro lado, América Latina ha atraído la inversión china desde que China pasó de ser una principal receptora de inversión extranjera directa del mundo a ser una exportadora de capital, sobre todo con la iniciativa de la Franja y la Ruta en 2013.

China empezó a ser un inversionista mundial de alguna importancia hacia 2011 y ya entonces América Latina era el segundo destino de su inversión con un 13 %, y en 2022 fue del 25 %. Se trata de inversión productiva, no de endeudamiento. Un informe de Ernst & Young, publicado en febrero de 2023, destaca que más de la mitad de esa inversión en la región está orientada a tecnología y comunicaciones, construcción de la cadena logística mundial, salud y ciencias de la vida, e industria de la hospitalidad.

La evolución de la relación económica entre China y América Latina está enmarcada en una visión china sobre la cooperación Sur-Sur como estrategia para resolver los problemas del desarrollo que expresan los desequilibrios e injusticias de la relación Norte-Sur.

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En 1984, Deng Xiaoping le dijo al presidente brasileño Joao Baptista de Oliveira que “la política exterior de China se expresa en dos puntos: primero China luchará siempre contra la hegemonía y por la salvaguarda de la paz mundial, y segundo, China siempre pertenecerá al Tercer Mundo, y seguirá perteneciendo al Tercer Mundo aun cuando haya llegado a ser rica y poderosa”.

Convencida de que el multilateralismo solo puede surgir del desarrollo, la visión china sobre la región tiene mucha más profundidad que el mero interés económico y comercial. Se trata de romper la espina dorsal a la política de bloques y la mentalidad de Guerra Fría, para que los países actúen de acuerdo con sus propios intereses, sin condicionamientos ideológicos.

En forma concurrente con el fortalecimiento de las relaciones económicas, China ha construido con América Latina un modelo institucional que va desde la Iniciativa de la Franja y la Ruta a la que se han adherido 155 de 195 países del mundo, complementada con la iniciativa de la Ruta de la Seda Digital, la Franja y la Ruta Educativa y el componente ambiental Franja y la Ruta. Todas son estrategias de cooperación en áreas esenciales para el desarrollo socioeconómico regional.

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Están además los foros de diálogo y cooperación en todas las áreas, tanto bilaterales como multilaterales. Sin duda, uno de los más importantes es el foro China-CEPAL, pero también hay que mencionar a la Alianza Sino Latinoamericana de Educación, Investigación e Innovación Agrícola.

Con la reanudación de los viajes, muchos líderes mundiales han visitado China, incluyendo los presidentes de Brasil y Honduras. El presidente colombiano Gustavo Petro, tiene una visita en ciernes desde hace varios meses, cuya concreción depende de la definición de los acuerdos que se suscribirán entre ambas partes, entre ellos la adhesión a la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Del lado chino, esperaría que una gira latinoamericana del presidente Xi Jinping en su tercer periodo tenga lugar en el mediano plazo. Una posibilidad cercana es que Brasil debería hospedar la 16ª Cumbre BRICS en 2024, algo que le corresponde en turno, pero que se definirá en la cumbre en Suráfrica a finales de este mes de agosto.

Por Guillermo Puyana Ramos

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