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La sombrilla negra

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Columnista invitado EE
23 de julio de 2015 - 04:29 a. m.
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La sombrilla negra es paradójica, pues, siendo útil para la lluvia, simboliza una especie de espantajo sobre nuestras cabezas. Como metáfora es sombra protectora, cadena de pensamientos o ideología.

Este remedo de cielo, este espantajo, puede ser ahuyentado. Pertenece a la lascivia del pensamiento. Así grabó Goya “El sueño de la razón produce monstruos”, en el momento en que las ideas se convierten en espantajos. La historia del pensamiento nos muestra cómo las cosas se separaron de las palabras y las ideas desde remotos tiempos. La física y la metafísica tomaron caminos diferentes. La psicología se apartó de las ciencias magnéticas y simplificó la psiquis y ordenó en masas a las multitudes. La gente no piensa por sí misma, piensa según las redes sociales.
 
Creemos del mundo no lo que es, sino lo que las redes dictan. Y, a la sombra de este espantajo, sobrevivimos. En India se conoce como maya, apariencia, red de las formas. Es como si abriéramos sombrillas, donde los pensamientos, como musarañas, crean un símil de cielo que oculta los rayos del conocimiento. Atrevámonos a pensar por nosotros mismos y dejemos la sombrilla que aprisiona el entendimiento. Es la sombrilla negra la que tiende una oscuridad sobre las ideas y las reemplaza por bizarros dobles que se reproducen en laberintos de espejos. El yoga enseña que no vemos la realidad sino los pensamientos que nos hacemos de ella. Esto es patético en el desarrollo de los juguetes cibernéticos sofisticados, que reemplazan el pensamiento por juegos de aplicaciones tecnológicas. Si plegamos esta sombrilla negra y abrimos el pensamiento al etéreo mundo de las ideas comprenderemos que lo maquinal no tiene idea, que sólo es una manera de la avaricia de la inteligencia. Esa física de la cual el espíritu no se ha apartado jamás no es la física atómica, sino la física natural. Hölderlin decía: “No parece que la física actual pueda satisfacer a un espíritu creativo, como el nuestro es o debe ser”. Lo mismo con la realidad social, de la cual el Estado es su más portentosa obra. Quiero mostrar que no hay idea del Estado, porque el Estado es algo mecánico, debe cesar, como tampoco hay idea de una máquina. Sólo lo que es objeto de la libertad se llama idea. Así, los pensamientos dejarían de ser una sombrilla negra para regresar a su idea poética de libertad original.
 
*Juan Monsalve

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