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Las plantas como personas

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Columnista invitado EE
03 de enero de 2015 - 02:44 a. m.
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Diciembre es un mes propicio para acordarnos de las plantas. Millones de árboles naturales o artificiales son llevados a los hogares para ser decorados y empleados como símbolo primordial de la Navidad.

En la tierra, las plantas están presentes en el paisaje y son la forma de vida más abundante que los humanos pueden encontrar en esa esfera de elementos que Occidente llama naturaleza. De manera directa o indirecta, es la biomasa de las plantas la que permite la existencia y continuidad de la presencia humana en el planeta. Sin embargo, las plantas son comúnmente concebidas como seres carentes de sensaciones e intelecto, meros recursos pasivos servidos para el aprovechamiento humano, a los que excluimos de las consideraciones morales y derechos que ya empezamos a reconocer a los animales.

Existe hoy una ceguera humana hacia las plantas debido a un extendido antropocentrismo, a una ausencia de conocimiento sobre ellas y a la consideración de que la vegetación es un simple telón de fondo para la vida animal. Eso es lo que afirma el filósofo botánico Matthew Hall en su libro Plants as Persons. Hall, quien ha sido investigador del Real Jardín Botánico de Edimburgo, ha hecho una exhaustiva indagación a través de diferentes sociedades y religiones sobre las conceptualizaciones y el valor otorgado a las plantas, encontrando que hay divergentes formas de relacionarse con ellas a través de filosofías de la exclusión y de la inclusión. Este pensador considera que esta postura, hoy predominante en el pensamiento occidental, no es natural ni inevitable. El antropocentrismo es una actitud filosófica y cultural que tiende a organizar el mundo con base en exclusiones, separaciones y jerarquías. Platón consideró que las plantas fueron creadas para el aprovechamiento humano y Aristóteles construyó una jerarquía de la vida en la que aquellas estaban en el nivel básico debido a su carencia de sensación e intelecto.

Otras sociedades han otorgado a las plantas la capacidad de percepción y acción. Su voluntad y autonomía se expresan en su propósito de florecer y producir semillas y frutos. En algunas expresiones de pensamiento hindú, humanos, animales y plantas son seres con capacidad de sentir y poseedores de mentalidad. En algunas sociedades amerindias las plantas pueden ser percibidas como seres que tienen capacidad de agencia e intencionalidad. El pensador Wiwa Ramón Gil afirma que todo lo que tiene sangre o savia es nuestro pariente. Los wayuus consideran que las plantas aparecieron primero en la tierra, antes de los animales, y, en consecuencia, su conocimiento acerca del universo es más antiguo y superior al de los humanos.

Hoy los neurobiólogos occidentales empiezan a identificar que las plantas tienen sofisticados y descentralizados sistemas neurosensiorales. Una relación con ellas basada sólo en su carácter utilitario ha demostrado ser ecológicamente destructiva. Al distanciarnos de las plantas y otros seres no humanos negándoles su autonomía moral distorsionamos nuestra propia identidad humana, nuestra posición en el mundo y nuestra responsabilidad como seres ecológicamente dependientes. Por ello los intereses de los no humanos deben formar parte de las consideraciones morales de los humanos.

 

Weildler Guerra *

wilderguerra@gmail.com /

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