Lo que nadie esperaba de Gustavo Petro era que los cambios prometidos durante la pasada campaña electoral empezaran con él. Pero así fue. Ya en la segunda vuelta se le notaba, tanto que muchos de quienes lo conocemos de vieja data no podíamos creerlo. ¡Es otro!, nos dijimos, incrédulos.
Y tras su elección presidencial sí que ha sido notorio ese cambio extremo. Incluso en su primer discurso como presidente electo, al celebrar el triunfo de aquel día en las urnas (cuando era tan fácil salirse de casillas por la emoción), fue prudente, respetuoso, sin insultos, en tono bastante conciliador, mientras hablaba de paz y amor con un tácito...
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
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