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Mandela y Fidel

Columnista invitado EE

06 de diciembre de 2013 - 05:57 p. m.

Se trató de una amistad basada en una sintonía de valores para luchar contra la opresión.

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En momentos en que el mundo se debatía por la posición a asumir frente el régimen segregacionista, el internacionalismo que tanto marcó en la Guerra Fría a la Revolución Cubana, hizo que ésta incursionara en el África Subsahariana para tratar de promover una emancipación marxista.

Cuba trató de preconizar ese sistema de ideas en el entonces Zaire del dictador Mobutu, luego del golpe a Patricio Lumumba que partió en dos la historia del África en el siglo XX. A su vez, Cuba apoyó el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), al Frente para la Liberación de Mozambique (Frelimo), y a la South West Africa’s People (Swapo) en Namibia. Desde todos esos escenarios, La Habana intentó contribuir en la lucha contra el Apartheid.

Por ese apoyo cubano a la lucha contra el sistema de segregación, una vez en libertad, Nelson Mandela visitó Cuba. Posteriormente, sucedió un hecho bochornoso para Estados Unidos y para Reino Unido y que evoca la amistad de los dos líderes. En la ceremonia de investidura como presidente, en 1994 en Pretoria, Mandela frente a Bill Clinton y a Fidel Castro agradeció el apoyo del líder cubano, y le recordó al mundo que Washington y Londres mantenían vínculos con el régimen sudafricano que mantenía el Apartheid, sin reparos por la presión global para aislar a dicho sistema.

Mandela además fue uno de los críticos más combativos del embargo económico de Estados Unidos hacia Cuba. Esto le valió el odio de una parte de la disidencia de Miami, que lo sancionó duramente en una célebre visita a comienzos de los noventa. En aquella ocasión, el exilio cubano le increpó su admiración hacia Fidel Castro y hacia algunas figuras de esa revolución. Mandela nunca ocultó su encanto por el proceso cubano y repetidamente manifestaba su admiración por Ernesto “Che” Guevara. Esto derivó en que miles de disidentes cubanos boicotearon la visita de Mandela, y la tensión con la población afro que lo esperaba con euforia, llegara a niveles máximos.

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En honor a todo ello, Cuba fue pionera para que en Naciones Unidas se instaurara el 18 de julio (su nacimiento) como un día conmemorativo a la figura de Mandela. La admiración que le ha profesado el líder máximo de la revolución cubana, no solo es testimonio de las conexiones que pueden surgir en la periferia como producto de las circunstancias históricas, sino de los límites de los más pequeños, en un mundo donde aún las grandes potencias deciden la agenda global.

El vínculo entre Nelson Mandela y Fidel Castro muestra que en la política, a pesar de las suspicacias y de los intereses ocultos de los Estados que no dan cabida para el altruismo, queda un espacio para las amistades sinceras, basadas en la defensa de valores comunes y en la simpatía. Cuba no triunfó en África como normalmente lo reivindica, porque aún se tiene registro de comunidades azotadas por la discriminación y porque fracasó en su intento de exportar su modelo. No obstante, tiene un legado indiscutible, Mandela es un testigo y defensor de ello.

 

Mauricio Jaramillo Jassir** Profesor de la Universidad del Rosario

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