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Mujeres que ponderan banderas que no conocen

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Columnista invitado EE
18 de marzo de 2016 - 11:58 p. m.
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Mi causa es reivindicar todas las formas de ser mujer para que ninguna mujer se sienta sin poder sobre su vida.

Por: Mar Candela *

Y resulta toda una utopía cuando leo a las mujeres que dicen ser abanderadas de la realidad de todas, y que su compromiso ineludible está en la defensa de sus derechos pero, de modo irresponsable, comunican en sus redes sociales chistes de mal gusto, ejemplos de mujeres validando algún tipo de violencia de género, empleando un lenguaje sexista o reforzando las excusas del patriarcado y el machismo para sancionar a algún tipo de mujer; sin embargo, a las mujeres en el poder que no abanderan los derechos de las mujeres procuro explicarles con pedagogía sus faltas con el género. No se le puede “pedir peras al olmo”.

No puedo hacer lo mismo con aquellas mujeres que supuestamente son conocedoras de fondo de la realidad social, política y cultural de las colombianas. Por ejemplo, Luisa Rodríguez, directiva departamental en el Meta del Partido Alianza Verde y vocera de la ideología del Feminismo Artesanal en Colombia para este departamento, me dio a conocer su reproche político a la señora concejal de Bogotá Lucía Bastidas Ubate, quien se ha reafirmado públicamente en que su compromiso político principal es con las mujeres; cuando me argumentó sus razones no pude dejar de darle mi absoluto respaldo, por simple ética. Les cuento la historia:

A la señora concejal de Bogotá Lucía Bastidas Ubate la escuchamos hablar abiertamente sobre el gran sufrimiento de las mujeres transeúntes con sus hijos y bebés, que no pueden caminar por la invasión del espacio público de las mujeres cabeza de hogar vendedoras informales –cuando su deber sería proponer soluciones humanas tales como dialogar con el alcalde de la ciudad y pedirle un proyecto social y político que les garantice a las vendedoras ambulantes, no cualquier trabajo, sino un trabajo donde puedan devengar lo mismo que suelen devengar en las calles para mantener a sus familias y a sí mismas.

Ella, como mujer intelectualmente preparada, entiende que si bien las mujeres transeúntes sufren mucho por no poder transitar con sus hijos gracias a la invasión del espacio público de las mujeres vendedoras, ninguna madre o mujer responsable del sostenimiento de su familia dejará un trabajo que garantiza el sustento de su familia, por difícil que sea, por otro que no le garantiza nada. Ella tiene claro que la gran mayoría de trabajadores informales son mujeres. Ella sabe que su deber no es minimizar los derechos de unas por defender los derechos de otras . En su momento hice la observación vía redes sociales y fui ignorada por la concejal —supongo que poco o nada le importa mi reproche político—.

Como si esto fuera poco, días después a esto la comprometida concejal con los derechos de las mujeres en Bogotá se divierte abiertamente en redes sociales con un chistecito sobre “la esposa y la moza”, una supuesta valla publicitaria que reafirma la imagen de la mujer territorial que está dispuesta a matonear y humillar a otra mujer por “trepadora”.

Muchas mujeres estamos tratando de acabar con el imaginario de “la señora” y “la moza”, “la digna” y “la indigna”. Alrededor del mundo muchas estamos tratando que se acabe el lenguaje amatorio de posesión, el cual siempre desemboca en violencias; vamos haciendo trabajo juicioso entre mujeres y hombres antipatriarcales para hacer comprender que ninguna persona le pertenece a otra así estén casadas, que hombres y mujeres somos libres de decidir cómo, cuándo y por qué asumir una relación sexoafectiva y que no es cierto que los hombres son débiles frente a los encantos de las mujeres y mucho menos que las mujeres somos la tentación que les hace perder todo control. Y hacemos todo este trabajo para que las mujeres comprendamos que quien debe darnos explicación, si consideramos que merécemos alguna explicación de su vida afectiva, es nuestra pareja y no las personas con quienes tienen relaciones sexoafectivas alternas.

El deber ético de toda mujer que abandera la situación social, cultural, política y de derecho de las mujeres es fomentar el respeto por la diversidad, reivindicar todos nuestros derechos y sobre todo promover diálogos humanos y respetuosos entre las mujeres que tienen conflictos por el amor de un mismo hombre o una misma persona. Las poderosas abanderadas de la realidad histórica y humana de las mujeres tienen el deber ético de romper con todo delirio de superioridad que exista entre mujeres, de promover la honestidad afectiva y la comprensión intelectual sobre la falta de claridad afectiva de hombres y mujeres, ya que conocen que la monogamia es impuesta como modelo amatorio único válido y que no es el único modelo existente.

Debido al costo social y político de hablar abiertamente de la bigamia y de la poligamia, tanto hombres como mujeres sienten la presión del miedo a ser “ninguneados y ridiculizados”, lo cual los lleva a mentir.

De ninguna manera aplaudo la mentira sobre nuestra afectividad; sólo la comprendo y la explico, y considero que toda mujer que defiende la vida de las mujeres debe entender esta situación. Y, por lógica ética, no se ríe cuando una mujer es humillada en público por otra a razón de asuntos sexoafectivos, sino que promueve la búsqueda de una comunicación honesta, humana y clara que lleve a resolver el conflicto.

Ojalá viviéramos en una sociedad de cuerpos gozosos y libertarios donde todas las mujeres y los hombres pudiéramos gozar la afectividad sin engaño; eso acabaría con un alto porcentaje de feminicidios y con los asesinatos registrados de mujeres a hombres “en nombre del amor”. Es una pena ver a las líderes políticas enajenadas del tema de fondo sobre la realidad de las mujeres.

He leído atentamente el espacio virtual de la concejal Bastidas y me deja el sabor de que considera que tienen más derechos unas mujeres que otras; la realidad es que estamos en un país que usa la causa de la mujer como bandera política solo para ganar votos. No encuentro ninguna diferencia entre el hombre enajenado de la realidad de las mujeres que usa la causa para ganar poder político y la mujer con las mismas características que hace lo mismo.

Traeré a la memoria solo tres realidades de cientos: en México siete mujeres son asesinadas diariamente, en Colombia cuatro. Eso nos deja claro que existe una pandemia de feminicidios a nivel internacional. En países desarrollados la cosa no es mejor para nosotras; tengamos en cuenta que, por ejemplo, en Italia la ministra de Sanidad, Beatrice Lorenzin, dijo que Italia “no es un país para mujeres”, después de que una política fue cuestionada recientemente por su maternidad y otra insultada por su aspecto físico.

Para mí es fundamental que el país comprenda que las colombianas necesitamos mucho más que mujeres prometiendo cosas en el poder. Necesitamos mujeres claras y entendidas de la realidad, social, cultural, psicológica y política de todas.

El planeta no es un planeta para mujeres libres, lo sabemos; y por eso nuestra resistencia. Y la resistencia se hace fútil cuando las mujeres en poder político no son mujeres realmente abanderadas del derecho de todas las formas de ser mujer.

Me pregunto si a la señora concejal Bastidas le hará mucha gracia cuando una mujer asesina a otra mujer a razón del amor de un hombre.

* Ideóloga Feminismo Artesanal.

 

 

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