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4 Mar 2022 - 5:30 a. m.

Nadie habla de Bruno ni de las TIC

María Fernanda Quiñones Zapata*

Así como en la película Encanto nadie de la familia Madrigal habla de Bruno, en la contienda presidencial nadie habla de las TIC. En los últimos meses hemos visto una mayor participación en debates, foros y plazas públicas de los más de 20 precandidatos presidenciales, quienes no se han pronunciado sobre la importancia del sector TIC como eje de desarrollo económico y social para el próximo cuatrienio.

Hoy en día, cerca de 4,6 millones de colombianos hacen compras a través de internet. En 2021, la venta de bienes y servicios a través de comercio electrónico en Colombia tuvo un volumen de $39,9 billones, para un incremento del 40,2 % frente a 2020, año en el que se vendieron por este canal un total de $28,4 billones. Este gran resultado del sector es gracias a la categoría de servicios, la cual creció un 55,4 %, impulsada por los sectores de turismo, entretenimiento, servicios financieros, entre otros.

En resumen, entre 2016 y 2021 las ventas en línea se triplicaron. Pasaron de $13,3 billones a $39,9 billones en 2021 y proyectamos, desde la CCCE, que para este año la venta de bienes a través de comercio electrónico crecerá cerca de un 15 % nominal anual. Para este año también esperamos que las ventas de las categorías de servicios comercializados a través del e-commerce aumenten un 20,3 %, con un impulso protagonizado por el sector del turismo. En general, estimamos que las ventas no presentes crezcan un 19 % durante 2022, respecto a lo observado en 2021.

Estamos lejos de poder masificar dinámicas digitales y generar mayor competitividad en el país cuando vemos en la encuesta nacional TIC del DANE que, en 2020, solamente el 61 % de los colombianos mayores de cinco años utilizaron internet y que la brecha entre las ciudades y las zonas rurales es aún más aterradora: el porcentaje de población que usó internet en las ciudades fue del 68,3 %, mientras que en las zonas rurales fue del 36 %.

Somos testigos de una nueva realidad, una que está transformando los modelos de consumo, negocios y producción mediante la adopción e integración combinada de tecnologías digitales avanzadas, a saber: redes móviles de quinta generación (5G), internet de las cosas (IoT), computación en la nube, inteligencia artificial (IA), big data, robótica, entre otros. Pero las cifras nos muestran que Colombia apenas se asoma a esta era y lo hace con unos rezagos en equidad e inclusión digital profundizados por las circunstancias actuales.

La discusión es impostergable. Debemos avanzar en la transformación digital, con el firme convencimiento de que esto nos ofrece una ruta inequívoca hacia la inclusión social, y lograr establecer las acciones y herramientas que puedan contribuir a la participación, hasta ahora tímida, del país en realidades económicas definidas por la tecnología y la digitalización.

Necesitamos una Mirabel que decida refundar las discusiones de desarrollo sobre estos nuevos paradigmas, con capacidad de comprender el nivel de contribución de estas nuevas tendencias y que con valentía enfrente la necesidad de concertar los intereses para ponderar las tradicionales y las nuevas formas de hacer las cosas; una Mirabel que incluya en su discurso una realidad de la cual, hasta el momento, nadie ha querido hablar.

* Presidenta ejecutiva, Cámara Colombiana de Comercio Electrónico (CCCE).

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