Israel tiene la malsana costumbre de reducir propagandísticamente todo a Hamas. Para el sionismo no existe una ocupación racista ni Tel Aviv, sus hordas de colonos fundamentalistas o su ejército tienen algún tipo de responsabilidad. Simplemente para la propaganda actual del sionismo, todo es Hamas.
A través de propaganda, Israel quiere ocultar los crímenes de guerra que comete desde hace 73 años en Palestina. Basta con incluir en cualquier motor de búsqueda la etiqueta de “Israel bajo fuego” y los resultados arrojan 31.500 entradas en español o 102.000 en inglés, contando las más antiguas que son del 2010. Si la búsqueda se amplía a “Israel bajo ataque”, se encuentran 51.300 entradas en español y 368.000 en inglés. La mayoría de estas entradas corresponden a reconocidos sitios de propaganda israelí, medios de comunicación afines al sionismo, redes sociales o sitios oficiales de Israel.
Esto demuestra contundentemente dos cosas, que Israel sigue al pie de la letra el postulado que una mentira repetida mil veces terminaría por ser verdad y por otro lado, que la diplomacia israelí sigue descaradamente un guion cuando menos, desde hace 11 años.
Aunque Israel quiera presentar a Hamas como el punto de partida de cualquier crisis, lo cierto es que la colonización lleva 73 años, mientras que la organización ha estado presente tan solo en el último periodo. En otras palabras, cuando Israel despojó a 750.000 palestinos de sus casas en la Nakba o invadió Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este en 1967, Hamas no existía ni en la imaginación de los sionistas.
No fue por Hamas que Israel ha profundizado su ocupación de Cisjordania y Jerusalén Este -recurriendo a colonos y al ilusorio intento propagandístico de presentar a Jerusalén como su supuesta capital-. Fue por el fanatismo de sus líderes y no pocos ciudadanos, quienes en un agudo proceso de radicalización y fundamentalismo ahora gritan por las calles ¨muerte a los árabes”. En otras palabras, el agente generador de muerte y odio ha sido, es y será Israel.
Queda claro que esto no se trata de Hamas. Se trata que Israel deje de atacar a Palestina -que goza del mismo derecho a la defensa que tienen los demás Estados- cada vez que algún primer ministro quiera hacer populismo a punta de litros de sangre de niños palestinos. Esa tendencia explica el detonante actual, la crisis de gobierno que enfrenta Netanyahu y la investigación en su contra por corrupción y abuso de poder.
Netanyahu solo necesitaba incendiar Palestina y por ello llevó las cosas al extremo con el desalojo de Sheikh Jarrah, la posterior represión brutal de manifestantes palestinos, el estímulo a marchas racistas de colonos en Jerusalén Este y la profanación de Al Aqsa. Así las cosas, la reacción de Hamas solo fue la excusa por la que esperaba el gobierno de la entidad sionista.
Para concluir, es fundamental recordar que según la Agencia de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios OCHA, Israel ha dejado 5.600 palestinos muertos -entre ellos más de 1200 niños- y 115.000 heridos tan solo entre 2008 y 2021, sin incluir las cifras de la más reciente agresión. Así las cosas, el desenlace del debate es elemental, Israel necesita buscar siempre una excusa para tapar sus aberraciones -investigadas por la Corte Penal Internacional-; hoy es Hamas, mañana será cualquier otra. La cuenta regresiva para la próxima sangría en Gaza ha iniciado.