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Colombia en la encrucijada

Columnista invitado EE y Juan Carlos Matamoros López*

24 de mayo de 2021 - 08:57 p. m.

Vamos completando en estos días 14 meses de pandemia, tres semanas de paro nacional, todo dentro de los tres primeros años de gobierno de Iván Duque, y el país, lamentablemente, parece descuadernársele en sus manos inseguras e inexpertas.

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El Gobierno parece estar retrocediendo, como el toro hacia los toriles después del castigo, frente a un paro nacional que lo ha arrinconado con sus reclamos justos y necesarios, triste y repudiablemente acompañados por un vandalismo de la sinrazón y por abusos y excesos de fuerza de las autoridades. Y tanto los unos como los otros parecen peligrosas ruedas sueltas que han provocado daños por miles de millones y que han segado 43 vidas a la fecha sin justificación alguna.

En el entretanto, algunos privilegiados de Colombia, aquellos que creen por alguna extraña razón estar ungidos de privilegios de cuna o de origen, vienen actuando con una soberbia y una indolencia que raya en lo criminal. Se autodenominan como los “ciudadanos de bien” del país y creen tener derecho a usar sus armas contra la “chusma” o contra los “indios patirrajados”, aquellos que se creen propietarios de sus ciudades, olvidándose que es precisamente el pueblo quien los ha hecho inmensamente ricos, bien sea porque trabajan para sus grandes empresas, industrias, bancos, plantaciones y latifundios ganando casi siempre salarios de miseria o porque finalmente son quienes les compran y consumen los bienes y servicios que producen, y que finalmente cada año les entregan ese ROE (Return on Equity) tan ansiado que los enorgullece. Ellos deberían ser los primeros en cerrar filas para defender al pueblo que finalmente viene a ser como su gallinita de los huevos de oro.

Pero por otra parte, el Comité del Paro ha visto casi con sorpresa los logros alcanzados, tales como haber tumbado la nefasta reforma tributaria junto con su impulsor, el indolente mayor, Alberto Carrasquilla, el hundimiento de la reforma de salud, la gratuidad en la educación superior pública para estratos 1,2 y 3 (97 % de quienes aplican a universidades públicas) aún sin reforma tributaria, y logrando el anuncio de un ambicioso plan de empleo para 500.000 jóvenes acompañado por un programa para adquisición de VIS. Con todos esos logros, más el reconocimiento de la protesta a nivel internacional, parecieran haberse envalentonado y, equivocadamente en mi concepto, creen tener el trofeo mayor a su alcance y apuntan a tumbar al presidente Duque.

Yo sí creo que sería un error monumental volver pedazos la institucionalidad de nuestra democracia, todo por una posible pírrica victoria de tumbar a un Gobierno que está a un año de su final. En realidad, no me queda claro quiénes se beneficiarían fracturando así nuestro sistema constitucional.

Cuando me dicen que hay que tumbar a Duque, yo les recuerdo que, si Duque renuncia, ¡tendríamos de presidente a Marta Lucía …! Y si ella también renuncia, ¡sería el ministro del Interior, seguido de todos los demás ministros! Y si renuncia todo el Gobierno en pleno, ¡quedaríamos en manos de lo que decida Arturo Char, presidente del Congreso! Cada escenario es peor que el anterior, y es claramente peor que esperar el año que nos falta para que, mediante la vía democrática, cambiemos a nuestros dirigentes.

Además, no olviden que, en el escenario de renuncia del Gobierno, se correría el riesgo de un golpe militar aupado por el Centro Democrático y el señor Uribe, quien de carambola podría volver al poder (¡horror!). Así que mejor le recomiendo al Comité de Paro olvidarse de ir por lana para no salir trasquilados, tener muy presente que no deben dilapidar los logros ya alcanzados, entendiendo que cada semana que continúen en un paro sin fin significará un deterioro en el nivel de apoyo de los colombianos por los que luchan. Una propuesta concreta que le planteo a este comité es decretar una “tregua” de un mes sin protestas en las calles, permitiendo al Gobierno trabajar durante ese tiempo sin la amenazante espada diaria del paro, y de paso darle a la gente un mes de descanso de este desasosiego diario que tanto afecta económicamente a todos los actores de nuestra sociedad.

Lo que creo que deberíamos hacer los colombianos es aprovechar este año para lograr una reforma tributaria justa que garantice una renta solidaria de $500 mil para todas las familias por debajo de la línea de pobreza, para impulsar una reforma a la Policía Nacional independizando sus funciones del Ministerio de la Defensa y para exigir al Gobierno una muestra fehaciente de su supuesta política de austeridad, la cual podría ser la eliminación en el cortísimo plazo de las 15 consejerías de la Presidencia, que se han convertido en unos ministerios paralelos cuya existencia y burocracia se desbordó en los últimos años.

Al gobierno Duque deberíamos pedirle que se ayude un poquito a ver si termina su periodo en paz. Y la mejor manera de ayudarse es escuchando de verdad, escuchando y actuando en consecuencia. Tiene sobre la mesa, además de las propuestas y exigencias del Comité de Paro, varias iniciativas valiosas, que merecen escucharse e implementarse, y que ayudarían al país a salir con bien de esta encrucijada.

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El Gobierno debería valorar y estudiar con sus autores las propuestas divulgadas en estos días no solo por los gremios económicos, sino aquellas enviadas o presentadas al país por la Coalición de la Esperanza (Plan de Emergencia Social), por Gustavo Petro (revocatoria de la Reforma Tributaria del 2019), por Alejandro Gaviria (declaración de todos los partidos rechazando la violencia y pidiendo el fin de los bloqueos), por Sergio Jaramillo (Proceso de diálogo creíble con método y garantías) y por Juan Manuel Santos (cumplimiento del Acuerdo de Paz y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible).

Materia prima es lo que tienen para salir adelante, agréguenle voluntad y valentía, réstenle soberbia e indolencia y podríamos sacar este país al otro lado, diseñando un nuevo contrato social, cambiandoradicalmente la posición que el gobierno Duque pareciera, hasta ahora, va a ocupar en nuestra historia. Ya en el 2022, esperaremos que el pueblo no se vuelva a equivocar.

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* Miembro de la Tertulia Cervantina 77. El contenido de este artículo es responsabilidad exclusiva de su autor

Por Juan Carlos Matamoros López*

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