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El presidente Gustavo Petro ha señalado que Colombia necesita un gran acuerdo nacional para lograr la prosperidad que soñamos. Y concuerdo; necesitamos un diálogo transversal para formular colectivamente una filosofía nacional de convivencia que permita avanzar hacia la paz y superar las dinámicas violentas de nuestra sociedad. No es fácil; para iniciar planteo tres preguntas: ¿qué es el acuerdo?, ¿entre quiénes se construye? y ¿para qué?
La idea no es nueva, desde el New Deal y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a nivel global, hasta los acuerdos de paz y la Constituyente del 91, a nivel local, son ejemplos de cómo visiones diversas pueden converger alrededor de un objetivo mayor. El acuerdo al que invitamos no es un pacto entre élites como el Frente Nacional ni una tregua entre armados y el Estado, sino la concertación de la sociedad sobre los mínimos básicos para hacer viable la nación. En otras palabras, el acuerdo es para garantizar el acceso universal de derechos, modernizar el país y alcanzar la paz para que Colombia tenga una segunda oportunidad en la tierra.
¿Pero qué es la paz?, ¿que se acaben los combates o que la gente deje de morir de hambre? Hoy nadie está de acuerdo en cómo la gente tiene que vivir su día a día: porque mientras una porción muy reducida tiene todo garantizado, la mayoría vive en la inseguridad y la violencia, en la inestabilidad laboral o pasa meses esperando una cita médica; también vemos a nuestros abuelos trabajando en las calles, trabajando porque no pudieron acceder a una pensión. Es tiempo de converger y sacar adelante la nación.
Asimismo, modernizar significa desarrollar industrias para no depender de otros mercados; en esto, empresarios y emprendedores son clave. Modernizar también implica acabar con la corrupción, la parapolítica y otros delitos, para que el progreso y el Estado se desplieguen en favor de los territorios.
La siguiente pregunta, ¿entre quiénes?, se puede contestar con la idea de Jaime Bateman sobre el sancocho nacional: papa, yuca, carnes, mazorca; cada ingrediente aporta sabor y textura. Lo mismo en el acuerdo, todo el mundo, venga de donde venga, tiene algo que aportar; nos une la voluntad de futuro, no el peso del pasado.
Ahora, ¿un acuerdo para qué? La invitación es para rescatar la moral y buscar en el interior del país las virtudes con las cuales construir una nación próspera y poderosa. La guerra que ha degradado la forma en que nos relacionamos debe quedar atrás. Hoy tenemos un Gobierno dirigido por personas que no comulgan con la violencia, sino con la democracia y la paz para resolver nuestras diferencias. Por esto, al inicio confluyeron varios partidos en torno al proyecto; tristemente se alejaron, tal vez incapaces de entender que dialogar no es imponer sino concertar.
En este sentido, el llamado hoy es reencauzar las relaciones para resolver los problemas de la gente. Para construir un país a la altura de nuestros sueños debemos cambiar, juntos, la forma en que se hacen las cosas.
Por todo, la invitación es a despolarizar para construir la nación que merecemos. Ahora, le pregunto a Colombia: ¿están dispuestos a sumarse al gran acuerdo nacional?
* Senadora por el Pacto Histórico y vicepresidenta del Senado de la República.