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2 Oct 2022 - 5:30 a. m.

Primero las mujeres, los niños y la fauna nativa amenazada

Jerónimo Rodríguez*

Cuando un barco se hunde surge el grito: “Las mujeres y los niños primero”. La prioridad por criterios de vulnerabilidad ante una situación de emergencia tiene sentido, aunque en el fondo lo que representa es una preocupación por la continuidad de la especie. Incluso la Constitución de Colombia consagra el derecho a la igualdad, pero establece que los derechos de los niños prevalecen sobre los de los demás. Cuando los recursos y las posibilidades de supervivencia son escasos, las prioridades son importantes.

En el país, grupos de animalistas han buscado legítimamente incluir sus consideraciones sobre el trato a los animales en la agenda pública, lográndolo con éxito. Luego de conseguir el reconocimiento de ecosistemas como sujetos de derechos, ha evolucionado a tal punto que un congresista está proponiendo una reforma a la Constitución para dar igual tratamiento a los animales y prohibir cualquier trato cruel y degradante. Estas visiones se pueden o no compartir por cuestiones éticas o morales, pero, más allá de ese debate, es importante tener en cuenta cuáles deben ser las prioridades y buscar respuestas que no empeoren las cosas.

Un ejemplo es la prohibición de la pesca deportiva por considerarla cruel. Esta actividad de la que dependen miles de personas, realizada con prácticas apropiadas, evita la muerte de los peces y puede generar recursos para proteger los ecosistemas acuáticos. La prohibición incentiva que esa pesca se vuelva comercial o de consumo, causando la muerte del animal o motivando que se busquen nuevas fuentes de ingreso en actividades nocivas como la deforestación por minería o los cultivos ilícitos. Otro es el caso de los hipopótamos que no solo generan un daño al ecosistema, sino que son un peligro para las comunidades locales. La muerte en 2009 del hipopótamo Pepe generó un debate que retrasó la solución y solo hasta 2022 se declaró esa especie como invasora, avance insuficiente cuando ya existen más de 130 ejemplares en libertad.

Los conflictos con animales silvestres (felinos, osos, serpientes, entre otros) son en parte generados por la fragmentación y pérdida de ecosistemas ligadas a la construcción de vivienda y presencia de grandes cultivos que los obligan a buscar presas como el ganado o animales domésticos en zonas habitadas, o por especies introducidas al ecosistema, una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en el mundo. Sin embargo, la reacción social es emocional y se atribuyen erradamente juicios de valor de maldad a comportamientos completamente naturales de una especie en búsqueda de su supervivencia. Esta forma de entender o comunicar los conflictos ligados a la convivencia entre humanos y especies silvestres lleva a la reacción primaria de buscar eliminar la amenaza, aun si no ha habido ningún ataque.

Por los efectos irreversibles que se pueden producir, atender la problemáticas humanas y ecológicas que se presentan con las especies de fauna silvestre no da espera. Pretender que el Estado financie santuarios para especies invasoras o soluciones no letales es altruista, pero así como cuando el barco se hunde, primero las mujeres y los niños. La pregunta entonces es: ¿cuáles son los programas y cuántos los recursos para proteger las especies de fauna silvestre del país que se encuentran en mayor nivel de amenaza de extinción? Esto debe ser lo prioritario, antes de invertir en salvar cualquier especie invasora y peligrosa para los humanos.

* Director de Panthera Colombia.

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