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¿Qué propuestas tienen De la Espriella y Cepeda para el sector de la Cultura?

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Columnista invitado EE: Andrés Samper Arbeláez
11 de junio de 2026 - 05:05 a. m.
“Las propuestas de los candidatos ofrecen visiones contrastantes de la cultura, que reflejan modelos distintos de país”: Andrés Samper Arbeláez.
“Las propuestas de los candidatos ofrecen visiones contrastantes de la cultura, que reflejan modelos distintos de país”: Andrés Samper Arbeláez.
Foto: Archivo Particular
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Algunos datos clave para quienes aún están indecisos sobre su voto para la segunda vuelta en junio de 2026.

Como ocurre en otros ámbitos, las propuestas de los dos candidatos ofrecen visiones contrastantes de la cultura, que reflejan modelos distintos de país. Por una parte, De la Espriella, en su programa de gobierno, dedica la página 12 (de un total de 13) a la cultura. El argumento central de lo que él denomina “La cultura de la patria milagro” es: “La cultura no es adorno, sino riqueza, identidad, prestigio internacional y motor económico”. Para ello, sus propuestas giran, principalmente, en torno a potenciar la cultura como una industria productiva (al estilo de la Economía Naranja). Sugiere:

  • Pasar del “asistencialismo a la inversión”.
  • Reorganizar la política cultural con “mérito, auditoría y gerencia”.
  • Convertir al creador en “sujeto de prosperidad” y a Colombia en una “potencia exportadora de propiedad intelectual”.
  • Dar apoyo fiscal a proyectos culturales y deportivos que “atraigan ingresos del exterior y generen dinámica local”.

Se trata de una visión neoliberal de la cultura, cuya base filosófica —muy problemática— es “la cultura es importante porque da plata”. Instrumentaliza la cultura, la ve como una cosa que, básicamente, se puede empaquetar y vender, limitando y empobreciendo su valor comunitario, territorial y existencial. Aunque el asunto de las industrias culturales es un aspecto básico de la discusión cultural contemporánea, la visión de De la Espriella, además de ser reduccionista, implica necesariamente un modelo que pone a sectores culturales radicalmente dispares en competencia por los recursos, con el riesgo de terminar homogeneizando la cultura al privilegiar aquellas propuestas que se “venden mejor”.

En contraste, la visión de cultura presente en el Programa de Gobierno de Iván Cepeda es más transversal. Aparece entendida como la raíz y expresión de formas de percibir, sentir, relacionarse y ser en el mundo. No se limita a ver en ella un mero valor económico. Las propuestas de Cepeda, expresadas en su programa y en otros lugares abogan por:

  • El fortalecimiento institucional del sector.
  • El apoyo a la cultura popular, comunitaria y territorial.
  • Vincular la cultura a la construcción de paz.
  • Promocionar la cultura como derecho y no solamente como industria.
  • Dar una línea de continuidad a las políticas culturales del gobierno Petro, en particular a la implementación del Plan Nacional de Cultura 2024-2038 (construido con la participación de miles de actores del sector de la cultura), cuyos campos de acción son: el diálogo intercultural, la memoria y la creación cultural, la gobernanza y la sostenibilidad cultural (poniendo en diálogo las economías solidarias con las industrias culturales).

Esta segunda postura, la de Cepeda, refleja una visión de las artes y de la cultura mucho más cercana a mi visión de la vida, por su amplitud, profundidad y carácter participativo y comunitario. He conocido desde adentro la puesta en práctica de esta visión como tallerista (desde hace varios años) del Plan Nacional de Música y del Programa Arte, Paz y Saberes en los Territorios del Ministerio de las Culturas. Obedece bien a lo que es la labor del Estado, y para lo cual nació el Ministerio de Cultura en 1997 como apuesta de paz: usar el recurso público para cuidar, hacer visible, honrar, potenciar y poner en diálogo la diversidad cultural como un reflejo de formas alternativas de ver y de relacionarse con el mundo humano y no humano.

Posdata. A los interesados en los asuntos de medio ambiente, les sugiero revisar la página 13 (última) del programa de Abelardo de la Espriella. Acá les dejo el resumen de sus tres propuestas (no tiene más): reducir drásticamente la sobrepoblación de perros y gatos callejeros; erradicar el maltrato animal (curioso esto, dadas sus historias con los gatos); y garantizar atención veterinaria integral, gratuita o de bajo costo. Compárenlas con las propuestas de Cepeda…

Por Andrés Samper Arbeláez

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Tulio Claudio (70717)12 de junio de 2026 - 11:58 a. m.
Me parece que una de las manifestaciones mas sobresalientes de la cultura, es una economía democrática, con un Estado y un Mercado democráticos: ahí si tenemos base para hablar en serio de la política cultural de un Estado y de un Gobierno, lo demás son ejercicios académicos que no conducen a nada distinto que a hacer gárgaras culturales para matar el tiempo. Por su puesto el neoliberalismo tiene, como todo sistema que respete a la muere, una política cultural de clase.
Carlos Rodríguez(jbw8b)11 de junio de 2026 - 11:39 p. m.
Qué es la cultura? Para qué sirve? Coca cola mata tinto y el dinero que se vaya a malgastar en cultura que vaya directamente a la base de la cultura personal: una educación de calidad.
BCongote(6iy15)11 de junio de 2026 - 05:37 p. m.
¡Pidiéndole peras al olmo!!!!!!
Jaime Jaramillo(22332)11 de junio de 2026 - 04:44 p. m.
El asistencialismo cultural no es neutral: el Estado financia lo que sus funcionarios —con sus propios gustos, ideologías y redes clientelares— definen como cultura "auténtica" o "comunitaria", excluyendo sistemáticamente expresiones que no encajan en ese canon oficial. Eso es homogeneización con rostro progresista.
Jaime Jaramillo(22332)11 de junio de 2026 - 04:43 p. m.
Por otro lado, que De la Espriella enfatice el valor económico no significa que niegue el valor simbólico: la Economía Naranja parte precisamente del reconocimiento de que la creatividad cultural ya existe y merece condiciones para sostenerse. Un músico que vive de su música ejerce la cultura como derecho más plenamente que uno que depende de una beca revocable. Economía naranja y cultura como derecho no se contradicen: se necesitan.
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