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Lo que la disputa por San Andrés nos enseña sobre la salida del arbitraje de inversión

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Columnista invitado EE: Daniel Rangel Jurado
21 de abril de 2026 - 05:05 a. m.
“El arbitraje de inversión indudablemente representa una amenaza para la soberanía”: Daniel Rangel Jurado.
“El arbitraje de inversión indudablemente representa una amenaza para la soberanía”: Daniel Rangel Jurado.
Foto: Archivo Particular
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En 2012, tras la decisión de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que modificó las fronteras marinas de Colombia en el Archipiélago de San Andrés, el presidente Juan Manuel Santos denunció el Pacto de Bogotá, tratado que le otorgaba jurisdicción automática a la CIJ sobre diferencias limítrofes. Santos argumentó que era necesario retomar la tradición de definir delimitaciones territoriales mediante tratados y diplomacia. La decisión recibió amplio respaldo político e institucional.

Recientemente, el presidente Gustavo Petro anunció la retirada de Colombia del régimen de arbitraje internacional de inversión. Aunque de forma diferente, este sistema plantea menoscabos a la soberanía nacional comparables a los que enfrentó Colombia tras el fallo de la CIJ. Por ello, la salida de este régimen debería gozar del mismo apoyo que tuvo la denuncia del Pacto de Bogotá.

El arbitraje de inversión indudablemente representa una amenaza para la soberanía. Anclado en tratados bilaterales de inversión y TLC, este régimen otorga a multinacionales e inversionistas acaudalados acceso a una justicia paralela que evade las cortes nacionales y les permite demandar al Estado cuando sus políticas afectan sus ganancias. La Constitución establece que nacionales y extranjeros deben gozar de los mismos derechos y obligaciones; sin embargo, al amparo de este sistema paralegal, los inversionistas extranjeros terminan con más garantías que los propios colombianos.

Un ejemplo concreto fue documentado por académicos de la Universidad del Rosario: tras la adopción de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras en 2011, la Unidad de Restitución de Tierras eventualmente instruyó a sus funcionarios a actuar con cautela frente a reclamaciones que pudieran chocar con intereses protegidos bajo tratados de inversión. El resultado, en la práctica, es un doble rasero: uno más favorable para el inversionista extranjero y otro para el empresariado nacional. Esa sola razón debería llevar a los sectores políticos cercanos a este último a reconocer la desigualdad que genera el arbitraje de inversión y, en consecuencia, apoyar la salida de Colombia del sistema.

La asimetría de protecciones fue, precisamente, la razón por la que la Corte Constitucional puso en tela de juicio la constitucionalidad de los tratados de inversión suscritos con Francia e Israel en 2019, al advertir que las garantías exclusivas para inversionistas extranjeros vulneraban el principio de igualdad de la Carta Política.

Dados estos precedentes, sería de esperar que la Corte respalde las acciones del presidente orientadas a extraer a Colombia de un régimen que no solo genera profundas asimetrías de protección, sino que además ha sido utilizado para controvertir sus propias decisiones. Así ocurrió con fallos clave, como el que limitó la gran minería en páramos y el que avaló la reversión al Estado de activos de telecomunicaciones. Este último terminó desvirtuado cuando Telefónica obtuvo un laudo por 380 millones de dólares contra el Estado colombiano.

Es previsible que algunas voces aleguen que la salida de tratados con protecciones a la inversión extranjera requiere aprobación del Congreso y la Corte. Sin embargo, el precedente del Pacto de Bogotá es claro: en ese caso, la Corte analizó la denuncia realizada exclusivamente mediante acción del Ejecutivo y no encontró reparo alguno.

En un ambiente polarizado y al borde de elecciones presidenciales, decisiones de esta naturaleza fácilmente se convierten en trincheras. No obstante, tal como ocurrió con el Archipiélago de San Andrés, la sociedad y la institucionalidad colombiana deben superar sus divisiones y priorizar la defensa de la soberanía nacional.

Por Daniel Rangel Jurado

Conoce más

 

Elizabeth Prado(40060)21 de abril de 2026 - 11:31 p. m.
Existe mucha desinformación sobre el arbitraje de inversión y la mayoría de las críticas que se han hecho no se han sustentado coherentemente. Esta columna es un ejemplo. Dicho esto, es evidente que el sistema de solución de controversias de inversión tiene un problema de percepción pública. El sistema sí puede ser criticado, por supuesto, lo que pasa es que las críticas que se han hecho son simplistas y equivocadas.
Atenas (06773)21 de abril de 2026 - 11:00 p. m.
¿Y quién es este pisco, al q’ de repente y sin más pistas, EE le cede espacio pa q’ sus lectores, aquellos q’ leemos con sumo cuidado, nos tomemos alguna apreciación q’ corresponda a lo q’ en justicia sea de beneficio pa Colombia en el asunto de marras?Puede ser un petrista q’ hace pinos de apóstol del falso mesías. Atenas
  • Duncan Darn(84992)22 de abril de 2026 - 01:13 a. m.
    Típico de la abuelita chismosa Apenitas. No entiende un reverendo qlo, pero descalifica al columnista y de paso lo pone de militante de partido político o buscando trabajo. ¡Ah bestia! Mineral, porque ni a vegetal alcanza esta porquería
William Alvarez(41808)21 de abril de 2026 - 10:25 p. m.
La asimetría de protecciones entre inversores extranjeros y nacionales es el modus operandi del nefasto régimen feudalconservador, que privilegia todo lo que simbolice estratificación social y económica. Por eso no solo los subsidios son mayores para los estratos altos, sino que reverencian a Trump y Netanyahu como sus machos alfas y a la Internacional derechista como su tribu.
  • Duncan Darn(84992)22 de abril de 2026 - 01:14 a. m.
    👍
Axel Navas Navas(95385)21 de abril de 2026 - 09:24 p. m.
Felicitaciones, magnífica columna.
UJUD(9371)21 de abril de 2026 - 12:52 p. m.
Indudable y soberana esa salida.
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