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Alrededor de la alianza de Avianca y Viva han salido voces en contra, centrando la conversación en las empresas, en la política, en abogados y otros temas. Pero muy poco se ha hablado de nosotros. Hoy escribo en representación de los empleados y las empleadas del sector aeronáutico, especialmente los de Viva.
Creo en este Gobierno, en su premisa de luchar por el empleo formal y su objetivo de darnos oportunidades a las mujeres para generar un entorno más justo e igualitario. También creo firmemente que si queremos firmar un pacto por un turismo en armonía con la vida, debemos ser impulsores de nuestro talento, conocimiento y la especialización que hemos construido en el sector aeronáutico a lo largo de los años.
Escribo hoy para hacer un llamado a traer a la discusión a las más de 1.000 personas empleadas directamente por Viva y los más de 5.000 puestos indirectos que genera esta compañía en toda su cadena, casi todos en Colombia. También para darles importancia a sus familias, a los 500 proveedores y sus respectivos empleados. ¿Qué pasaría con todas estas personas si Viva desaparece?
Incluso, tampoco se habla mucho de los más de 20 aviones de Viva que sirven a los colombianos todos los días para conectar al país y con el exterior, los millones de pasajeros que han accedido al servicio aéreo gracias a Viva y las más de 40 rutas, varias de ellas volando en regiones apartadas que quedarían sin conectividad si Viva deja de existir. Tampoco se habla del efecto que esto tendría en Antioquia y en el aeropuerto de Rionegro, la casa escogida por Viva en los últimos años con grandes beneficios para los antioqueños.
No me quiero enfrascar, como lo han hecho últimamente otras voces, en una pelea de tintes populistas. Hablo de las personas: esas mismas que quieren ser parte del desarrollo del país. Y para ser potencia de turismo necesitamos talento especializado, ese talento “made in Colombia” liderado por un gran número de auxiliares de vuelo, técnicos de mantenimiento y pilotos. Estas profesiones, que como todos sabemos requieren cientos de horas de estudio, entrenamientos recurrentes, conocimientos técnicos, chequeos constantes y bastantes horas fuera de casa, solo pueden ser desempeñadas en una aerolínea.
Hay una creencia errónea y es que el reemplazo de una compañía se puede hacer de manera inmediata. “Si se acaba una, llegará otra”… ¿Y su talento? ¿El conocimiento especializado que ha ganado Colombia dónde queda? ¿Dónde quedan los 10 años que Viva se ha tomado para avanzar lo que avanzó? ¿Y los nueve millones de pasajeros que mueve Viva a bajo costo?
No hay peor ciego que el que no quiere ver, y la única forma de acabar con Viva es impedir que se salve, ignorando el factor humano detrás de esa operación. Hoy son principalmente los trabajadores y las trabajadoras de Viva quienes están en el limbo. Solo por eso valdría la pena voltear la mirada y dejar de distraernos de lo verdaderamente importante. Perder a Viva sería una pérdida para toda Colombia.
Eso sí, si la decisión es dejar morir a Viva… ¡que Dios los coja confesados!
* Presidenta del Sindicato de Auxiliares de Vuelo de Colombia.