Cuando los médicos hablamos sobre los pacientes en el hospital, por lo general, su edad es de lo primero que mencionamos. Un hombre de 75 años con dificultad para respirar. Una mujer de 30 años con inflamación articular. Saber las edades de nuestros pacientes nos permite enfocarnos en el diagnóstico más probable y desarrollar una imagen mental del paciente antes de entrar a su habitación.
Pero esto también tiene otra función. Los médicos usamos la edad para contextualizar la historia del paciente y, en efecto, medir su nivel de tragedia. Una estudiante universitaria que está en peligro de fallecer por insuficiencia respiratoria...
Por Daniela J. Lamas
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