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Hace poco un amigo, Mario Arenas, me recomendó un video que se llama Tiro de gracia.
Es un corto documental cargado de emoción futbolística que les recomiendo para que gocen con una situación cotidiana en la vida mexicana y que resuelve la existencia de dos seres humanos con el cobro de un tiro libre con barrera (una apuesta): dos árboles que posan de portería, un balón que no posa pero reposa dentro de una caneca, y un pelotón de fusilamiento: la barrera. Reo y verdugo resuelven el sino en un cobro que es un verdadero tiro de gracia. Los noventa minutos, más la adición, son el tiempo asignado para ganar, perder o empatar, pero en las instancias finales hay que disolver el empate, pero no con once jugadores, sino con cinco cobradores y un atajador. El área de candela demarca y delimita el ritual, esa es la casa del triunfo, pero, también, la de la derrota, Eros y Tánatos juntos, Apolo y Dionisio comparten la paradoja de lo que es la metáfora de vivir: héroes o villanos, todo depende de ese tiro de gracia (cima y sima comparten la fonética pero no la semanticidad, son antónimos que padecen quienes cobran y quienes atajan, todo depende de “hacerlo o no hacerlo, taparlo o no taparlo”). Recuerdo con nostalgia los nombres de varios arqueros que habitaron la cima y también les llegó la sima: Goycoechea, Higuita, Almeida, Córdoba, Chilavert, Casillas, Fillol, Dino Zoof, Schmeichel, Ricardo Zamora, Amadeo Carrizo, Gordon Banks, Buffon, Lev Yashin, Julio César. Pero al frente pasaba lo mismo: eximios cobradores que disfrutaron de su heroicidad pero probaron el amar-gor de la soledad estrepitosa por errar un tiro de gracia: Zidane, Riquelme, Rooney, Ibrahimovick, Ronaldinho, Figo, Ronaldo, Messi, Baggio, Trezeguet, Terry, Maradona, Platini, Zico, Sócrates, Shevchenko, Womé. Pero el caso más extraño para graficar esta (cima-sima) sensación la recordé en una Copa América: Colombia-Argentina. Palermo erró tres tiros de gracia en el mismo partido. Calero estaba al frente. En este instante se conjuntan la tragedia, la poesía, la novela y la comedia. Tensión, memoria, pasión, miedo, alegría, dolor, ausencia, lágrimas. Palermo vivió estos noventa minutos metido en un vaso de agua del que no quería salir jamás, pero la vida tiene que continuar porque todavía falta algo... peor. Un tiro de gracia es la posibilidad que tenemos para conocer las fragilidades humanas. Un segundo y caes, un segundo y también caes. La caída es lo que nos funda, es eterna; las levantadas son efímeras pero infinitas. El fútbol, por eso, es azar, es decir, es un juego entre seres humanos.
*Juan Carlos Rodas Montoya
