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Una ventana de oportunidad para la integración de América Latina (II)

Columnista invitado EE y Andrés Rugeles*

25 de mayo de 2023 - 08:39 p. m.

En el contexto actual de la “nueva globalización” y reconfiguración de las cadenas productivas, América Latina tiene una ventana de oportunidad para dar un salto cualitativo hacia su integración regional e inserción internacional inteligente.

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Igualmente, está en mora de recuperar el terreno perdido en materia de comercio, inversión, tecnología y conocimiento. En efecto, la renta per cápita de América Latina comparada con la de Estados Unidos ha permanecido prácticamente estancada en los últimos 60 años, como resultado de tasas mediocres de crecimiento; los países del Sudeste Asiático como Corea han logrado durante en este periodo alcanzar un ingreso 2,5 veces superior frente a la región; nuestra participación en el comercio global es sólo del 6 %, mientras que en el año 1950 representaba el 11 %; la inversión extranjera disminuyó un 16,4 % en términos absolutos desde el 2010; y en materia de I+D la región registra anualmente menos del 2 % de las patentes del mundo mientras que Asia concentra dos terceras partes (66,7 %).

¿Qué ha ocurrido? La pérdida de importancia relativa y el deterioro en la calidad de inserción externa de América Latina son notables. La peor respuesta ha sido la inamovilidad, el repliegue y la complacencia ante un mundo que no se detiene y se desplaza a una velocidad exponencial. El expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) Luis Alberto Moreno, de manera muy acertada, afirmó en su libro ¡Vamos!: “No me cabe duda de que esta política de mirarse al ombligo nos ha dejado aislados, con la mirada puesta en el pasado y siendo poco competitivos en la economía mundial”. Y el expresidente de CAF Enrique García remató: “Si América Latina no encuentra el camino para volver a entenderse, al margen de las diferencias, estamos perdidos. Porque nuestra presencia a nivel global es muy poco relevante”.

En este contexto, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) ha publicado en días pasados un informe con un claro llamado a los países a revitalizar los compromisos y acelerar el paso hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en 2030. Estamos ante una crisis del desarrollo, al atestiguar el avance de sólo el 25 % de las metas y la necesidad de mayores inversiones y financiamiento. Se hace necesario una forma distinta de hacer política pública.

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Las respuestas deben venir desde lo local y nacional, pero también desde lo global. Es vital que la región comercie más y mejor, y se integre productivamente. Los flujos internos llegan a un escaso 17 % del comercio total, aunque estos tienen una faceta positiva al ser intensivos en manufacturas y concentrar una amplia participación de pequeñas y medianas empresas (pymes). En efecto, la región absorbe más del 75 % de sus exportaciones de manufacturas de tecnología media y alta.

Hacia una agenda integral

Con el fin de impulsar una mayor integración de América Latina, se deben tomar en consideración los siguientes elementos —sobre la base del respeto a la institucionalidad y unas reglas estables y comunes de juego— para el desarrollo de una agenda integral.

1. Transformación productiva: Se requiere potenciar la transformación productiva, con el objeto de incorporar mayor valor agregado y tecnología en los productos, bajo los principios de sostenibilidad ambiental y economía circular. Los esfuerzos se deben dirigir a aumentar la productividad y competitividad. La ruta es la transición desde un modelo de ventajas comparativas a uno de ventajas competitivas, que contribuya a romper las barreras de la “trampa de los países de ingreso medio”.

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La excesiva dependencia en la explotación de recursos naturales y producción baja en contenido tecnológico, que ha conducido a tener economías poco diversificadas, deberá progresivamente superarse. El 60 % de las exportaciones de Suramérica se concentran en productos agrícolas, minerales y materias energéticas. El Banco Mundial (BM) lo ha denominado la “costosa adicción”.

Es prioritaria, por lo tanto, una mayor diversificación productiva y exportadora, así como una mayor inversión de calidad para reducir y cerrar las brechas que separan a la región de las economías emergentes avanzadas y más dinámicas del mundo. Esta debe enfocarse —a través de políticas industriales y tecnológicas— en sectores relevantes y de alto impacto: economías verdes, energías renovables, digitalización, entre otros.

2. Cadenas de producción global y comercio: Tres elementos —posición geográfica, fuerza de trabajo y respeto a los derechos de propiedad intelectual— le otorgan a la región una enorme oportunidad en su inserción en el mundo.

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Es vital una mayor especialización, desarrollar nuevos sectores e incorporar mayor valor en los encadenamientos para que las empresas —especialmente las pequeñas y medianas— tengan un efecto multiplicador sobre el empleo y bienestar. Asimismo, las empresas multilatinas, que tienen el reto de ser cada vez competitivas y eficientes, son esenciales para jugar en las grandes ligas.

Los encadenamientos productivos generarían beneficios adicionales en materia de productividad y competitividad, mediante transferencia de tecnología y conocimientos y creación de empleo. El BID ha calculado que un aumento del 10 % de la participación de un país en las cadenas globales de valor aumentaría su PIB per cápita en un 11-14 %.

Resulta central la implementación de normas para la facilitación del comercio y el fortalecimiento de instituciones y programas que promuevan exportaciones e inversiones. Son prioritarias la modernización y convergencia de los esquemas e integración, así como la armonización de los más de 30 acuerdos comerciales en el hemisferio. Una mayor cooperación facilitará la expansión de los mercados y contribuirá a competir a nivel mundial.

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3. Impulso a la infraestructura y logística: Se constituyen en uno de los principales cuellos de botella y déficits para una integración profunda. La inversión pública en este rubro en la región es sólo del 3,5 % vs. 7 % en Asia meridional o 18 % en China.

Un claro ejemplo de este rezago son los costos por kilómetro de transporte de mercancías en América Latina en comparación con Europa o Asia meridional. Otro es la densidad de la infraestructura digital. Tenemos la mitad de Asia o Europa Oriental y los precios un 20 % superiores.

Existe, por tanto, el consenso sobre la necesidad de duplicar y mejorar la calidad de las inversiones en transporte, energía, comunicaciones y digitalización, las cuales deben ser superiores al 6 % del PIB al año. Los países del Sudeste Asiático le asignan un 7,9 % de su PIB. Este esfuerzo debe ser realizado de manera conjunta entre los sectores público y privado, con el apoyo de la banca multilateral e instituciones bilaterales, mercados de capital, fondos, entre otros. El objetivo final es potenciar el crecimiento y la competitividad.

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4. Formación de capital humano a todo nivel: Nuestras sociedades deben elevar el nivel y la calidad de la educación. Se requiere fortalecer los sistemas educativos y adaptar el capital humano a las necesidades actuales y de la revolución digital del siglo XXI.

Debemos ir más allá del marco educativo tradicional de universidades y escuelas técnicas. Esto implica implementar esquemas innovadores de especialización y capacitación continua, lo cual permitiría responder a las profundas transformaciones que se están produciendo en los procesos productivos, logísticos y de distribución.

Asimismo, se necesita capital humano calificado a nivel gerencial y técnico para captar inversión extranjera directa y de calidad, especialmente en nuevos sectores e intensificar la capacidad de exportar.

5. Financiamiento: América Latina requiere mayores niveles de ahorro e inversión —tal como lo han hecho los países asiáticos— y la construcción de sistemas estables y profundos que son vitales para brindar financiamiento y diversificar riesgo.

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Igualmente, las multilaterales son clave, no sólo por los recursos de mediano y largo plazo que pueden proporcionar a la región en condiciones favorables, sino por el papel catalizador que desempeñan y el conocimiento que generan.

Instituciones como CAF, el BID y el BM están llamadas a asumir este reto de una forma integral y dinámica. Su grado de relevancia en la región está en función del impacto, agilidad y creatividad que tengan de manera individual y colectiva. Su credibilidad está asociada a la buena gobernanza interna, el estricto cumplimiento de cláusulas ambientales, sociales y de género, y el respecto por los valores y principios democráticos. Un buen ejemplo es lo recientemente ocurrido en el proceso de no reelección del presidente del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).

El apoyo y coordinación de las multilaterales se debe dirigir a (i) proveer capital directamente, (ii) movilizar recursos desde otras fuentes y regiones, (iii) generar estructuras financieras novedosas, (iv) catalizar la acción colectiva en proyectos, y (v) brindar apoyo, conocimiento técnico y asesoría de expertos.

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Comentarios finales

Gobierno, sociedad civil y sector privado están llamados a trabajar de forma estrecha y coordinada para estar a la altura de los desafíos de nuestro tiempo, pensar en el bien colectivo y generar amplios consensos para la construcción de estrategias de largo plazo. Estos esfuerzos contribuirán a hacer de nuestra geografía una tierra fértil para la democracia, la cooperación y el desarrollo sostenible.

La región debe trascender las corrientes que la mueven entre el ostracismo y la relevancia, la sumergen en tensiones políticas e ideológicas del pasado y presente, y la han dejado en la trampa del ingreso medio. En esta circunstancia y ante la certeza de la ruta a navegar, las palabras del filósofo español José Ortega y Gasset adquieren una excepcional relevancia y le dan perspectiva a nuestro destino: “Solo es posible avanzar cuando se mira lejos. Solo cabe progresar cuando se piensa en grande”.

* Visiting Fellow de la Universidad de Oxford y Miembro del Advisory Board de la Unidad del Sur Global de la London School of Economics (LSE)

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Por Andrés Rugeles*

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