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Urge histórico pacto transicional

Columnista invitado EE y Jairo Agudelo Taborda, Universidad del Norte

10 de julio de 2023 - 05:32 p. m.

La historia política universal y la geografía local (Buenaventura) enseñan que el índice de expectativas creadas en campaña electoral es directamente proporcional al índice de riesgo de defraudar. Asimismo, entre más alta es la ilusión creada, mayor es la desilusión fracasada. Lo peor que le puede pasar ahora al pueblo colombiano es la decepción. Si el proyecto de pacto histórico y su paz total fallan, el Estado nacional llamado Colombia fallece. Fallar ahora significa patentar que en Colombia no hay salida política para este pantano en que se vive desde el 20 de julio de 1810. Significa confirmar el mensaje de que solo las armas, y no las leyes, pueden imperar en Colombia. Por eso, no puede fallar.

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Este gobierno contó con un inesperado consenso inicial aún por parte de la casta política de los partidos tradicionales. Solo el uribismo se opuso, pero con una actitud abierta aun por parte de su líder, que aceptó dialogar. El 7 de agosto 2022, el gobierno Petro inició casi con un cheque en blanco, como lo demuestra la rápida aprobación de la reforma tributaria. Luego, poco a poco, él mismo ha ido consumiendo ese bono y erosionando el consenso.

El fuego amigo (Nicolás, Armando, Lura…) ha hecho más daño que el enemigo. Se ha olvidado que en todo terreno social es importante el fondo, pero también la forma. El qué hacer y el cómo hacerlo. Sobre todo, en política y en derecho es determinante tanto lo sustantivo como lo procedimental. Por eso hay códigos sustantivos para todas las ramas del derecho (civil, penal, administrativo…) y códigos de procedimiento para cada una de ellas (lo formal).

Podríamos decir con Gamboa y Cabrera que perder es una cuestión de método. Equivocar el método aniquila el contenido. Preguntémosle a Descartes (Le discours de la méthode, 1637). El pueblo y buena parte de la casta política, económica y social de este país sabe que las reformas prometidas son necesarias. Que la paz total es urgente. Y este es un logro importantísimo que hace parte de ese bono inicial que se tejió. Pero el gobierno, centrado en el fondo, está descuidando la forma. Lo procedimental ha venido matando lo sustantivo. Podemos creer que el 60 % de desaprobación del gobierno no es sobre lo sustantivo, sino, sobre todo, por lo procedimental, por el modo, es el método. Por ejemplo, no es lógico ni metodológico que el gobierno se apele al pueblo más que a las instituciones, aun con las mejores intenciones para que se aprueben las reformas que son necesarias. Que son urgentes. Pero no así. No todo vale.

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Pero el posible éxito de la paz total inicia con la implementación del Acuerdo de paz ya logrado con las Farc (2016). No puede fallar. Claro que la paz total nacional parte de la paz territorial. Por eso es importante el modelo de La Guajira. Que podría replicarse en el Chocó, en el Cauca, etc… Una especie de federalización de la paz, o regionalización o Rapización. Por ejemplo, ¿El modelo de las RAP podría funcionar? ¿Una estrategia Rapaz? Es cuestión de método. Urge territorializar la paz porque la violencia está muy territorializada. Y en los territorios la criminalidad está muy bien organizada.

Ahora bien, para que la paz sea total, hay que negociar con todos los actores en conflicto. No solo con los actores armados. En Colombia son muchos los distintos actores armados y también hay muchos actores no armados. Hay que negociar también con los no armados que son, al menos, funcionales al conflicto armado. Los grupos de poder, los grupos de presión, los medios de comunicación.

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Si el 1 % de los colombianos posee el 81 % de la tierra, hay que negociar con ellos. Si hay concentración de los medios de comunicación, hay que negociar con ellos. Si a los grupos armados se les concede el 6 % de sus ganancias ilícitas, a los grupos no armados se les puede conceder el 20 %, pues no se pueden colocar al mismo nivel. Sé que puede sonar cínico, pero es una especie de justicia transicional no solo para los poderes armados sino también para los desarmados.

Para que sea total, es urgente un histórico (y geográfico) pacto transicional. Solo así podemos, por ejemplo, pacificar el Pacífico. Los resultados parciales lanzan un mensaje de progresividad, de transición. Urgen resultados parciales que atenúen la actual percepción de que estábamos mejor cuando estábamos peor. Hay que frenar esta sensación de desesperanza. El único apelo al pueblo en este momento es a que no desespere. Un pueblo desesperado no tiene nada que perder y este sería el peor escenario para el país. Nos catapultaría en la condena a mil años de mortandad. Señores del gobierno, del Congreso, de la justicia, no pueden fallar. S’il vous plait. Per favore. Please. Por favor. Hay tiempo para recuperar. No podemos fallar. Por favor.

Por Jairo Agudelo Taborda, Universidad del Norte

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