El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Vacunas, negligencia y un sistema desigual

Columnista invitado EE y Victoria Sandino Simanca Herrera

31 de enero de 2021 - 10:00 p. m.

El pasado 29 de enero de 2021 el presidente Iván Duque anunció que el 20 de febrero se iniciará la vacunación en Colombia. Esto pone a nuestro país como uno de los últimos en la región en iniciar este proceso. La respuesta más oportuna de países como Argentina, Bolivia, Venezuela, Cuba, Costa Rica, entre otros, puso en evidencia la negligencia y las negociaciones con transnacionales farmacéuticas que se venían realizando de espaldas al pueblo colombiano y todo esto en medio de los peores indicadores frente a la pandemia.

PUBLICIDAD

Colombia tiene casi 53 mil muertes por COVID-19 que ponen al país en el puesto 12 a nivel mundial y más de dos millones de personas contagiadas, lo que nos deja en el puesto 11 en volumen de contagios. De los países que se encuentran entre los 13 primeros en cuanto a muertes y contagios, solo dos no han iniciado la vacunación: Colombia es uno de estos.

Ahora bien, el problema no es solo tener las vacunas, sino en qué sistema de salud va a operar el programa de vacunación. La razón más importante para tener esta enorme incertidumbre es que el programa de vacunación quedará principalmente en manos de las EPS, las mismas que hasta el momento han tenido gran responsabilidad en las demoras en la aplicación y entrega de resultados de las pruebas, así como en el control y seguimiento de casos, atención y prevención a población en riesgo.

Como todo lo que durante los últimos 27 años ha pasado por las manos de estos intermediarios financieros de la salud, los tiempos previstos para inmunizar a toda la población se verán afectados por las mismas razones por las que el actual sistema de salud resulta ineficiente y poco garante de la vida y la salud de las y los colombianos: es un sistema que está diseñado para proteger las ganancias de empresas que intentarán dilatar la aplicación de dosis en función de retener los recursos que le entregará el Estado para tal fin.

Pero quiero ir más allá de nuestro país para que analicemos cómo esta crisis, la más grande que haya conocido este siglo, revela la perversidad del actual sistema de mercado poniendo en peligro la existencia de toda la humanidad. Ante el gravísimo drama planetario en el que nos encontramos inmersos, las empresas farmacéuticas han aprovechado para especular con el precio de las vacunas, así como para imponer condiciones en los contratos tan inmorales como exigir a los estados que se les libre de toda responsabilidad por los efectos adversos que estas vacunas podrían tener sobre las personas.

De paso, los países más ricos del mundo han acaparado la mayor cantidad de vacunas incluso comprando hasta casi diez dosis por habitante, como es el caso de Canadá. En lugar de que esta pandemia, que no reconoce fronteras y que tiene en jaque a toda la humanidad, hubiera llevado a los más poderosos a reflexionar sobre la necesidad urgente de un cambio orientado hacia el cuidado global y solidario, la rapiña del capitalismo se ha hecho más despiadada desde que empezó la pandemia.

La propia Organización Mundial de la Salud – OMS, máxima autoridad en la materia, afirmó a través de la voz de su director General, Tedros Adhanom Ghebreyesus, que esta actitud de los países ricos traerá como consecuencia un fracaso moral catastrófico, garantizará que la pandemia no sea atacada con efectividad y, por ende, la recuperación económica, que parece ser la mayor preocupación de buena parte de los gobiernos, será aún más lenta. Es decir, la decisión de estos países, paradójicamente, pone en peligro sus propias prioridades.

La crisis debe transformarse en una oportunidad para que los pueblos nos alejemos del perverso juego del mercado. Ojalá el Estado colombiano se pusiera en función de proteger a todas y todos los colombianos y no en función de favorecer a las transnacionales. Después de todo han sido las acciones de cuidado, la entrega de las y los trabajadores de la salud y la solidaridad, acciones que han salvado y seguirán salvando vidas. ¡No es el mercado el que nos está salvando sino el cuidado!

Por Victoria Sandino Simanca Herrera

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.