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La palabra boutade es un bello galicismo referido a un artificio que busca a toda costa impresionar. Es el efecto de aplaudir a la vista del conejo por más que sepamos del doble fondo de la chistera.
El hombre de Piltdown, el gigante de Cardiff y la machaca, son ejemplos históricos de boutade.
Está perfectamente comprobado el origen francés de esa palabra. A diferencia del de Gardel.
Esta semana, un artículo de prensa decidió que Carlos Gardel era irrebatiblemente francés. Los efluvios de la panacea se regaron, y en el medio segundo que requiere internet para esparcir verdades y mentiras por el mundo, hasta un periódico argentino tituló: “Fin del misterio”. De un plumazo, el “Morocho del Abasto” resultó más franchute que bañarse cada tres días.
Detrás de la noticia sí había noticia: la publicación de un libro escrito a seis manos sobre Paul Laserre, el supuesto padre francés de Gardel, el mismo de quien un día el cantor dijo “ni verlo quiero”. Hasta ahí ya había una información de interés.
Pero apareció el oráculo: un documento de registro civil que certifica el nacimiento de un niño llamado Charles Romuald Gardes en Toulouse, Francia, el 11 de diciembre de 1890. De repente el interlocutor de los autores se sintió encarando al Eslabón Perdido. Sólo que el profesional de marras era periodista, no arqueólogo. Y los arqueólogos decidieron reservarse que el hallazgo tenía un tiempito ya: la friolera de 91 (¡!) años.
Supongamos que en efecto los señores Esteban, Galopa y Ruffie, autores del libro, hubiesen sido descubridores de un documento del que se tiene noticia desde 1921. Ni así prueban cosa alguna. Quienes defienden la teoría de un Gardel uruguayo no niegan la existencia de Charles Romuald Gardes; sólo que, para ellos, ese niño no es quien después se convertiría en el “Imbatible”, sino el hermanastro del Gardel real, hijo natural de un militar de Tacuarembó entregado en adopción a Berthe Gardes, madre del francesito.
Siempre me he manifestado defensor de la teoría del Gardel francés porque se me antoja más sólido ese lado de la historia. No quiere decir que tenga yo un átomo de razón al respecto. Esta nueva boutade no ayuda a unir a los gardelianos del mundo.
¿Buscamos nacionalidad para Gardel? Hagámosle caso a él cuando dijo al diario El Telégrafo en 1933 que un cantor “es de todos y su patria es donde oye aplausos”. O sigamos a Manuel Mejía Vallejo, que en su clásico Aire de tango manifestó: “La patria del mito no es el lugar donde nace sino el lugar donde muere: Gardel es colombiano, para él morir fue un nacimiento al revés”.
*Jaime Andrés Monsalve / Jefe musical de Radio Nacional, autor de Carlos Gardel, cuesta arriba en su rodada. /
