Publicidad

Y usted, ¿a qué se dedica?

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Columnista invitado EE
24 de junio de 2013 - 11:00 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

En varias ocasiones cuando alguien me pregunta a qué me dedico y decido arriesgarme a responderle, encuentro unas reacciones muy particulares. Unos optan por disimular y sacar una sonrisa falsa.

 Otros, no pueden evitar mirarme como si estuviera hablándoles en un idioma incomprensible. Hay algunos —muy respetuosos— que me escuchan con atención, pero que a la larga poco y nada les interesa ahondar en el asunto. En casi todos los casos, la conversación se desvía, mientras yo me quedo pensando cómo ser más clara o didáctica en una próxima oportunidad. En realidad, lo que comúnmente respondo es: “Escribo e investigo sobre arte contemporáneo y he venido haciendo mis primeros proyectos como curadora”. La primera parte de mi frase armada no es tan grave, es el término que cierra mi respuesta el que genera el corto circuito en aquellos diálogos.

La curaduría de arte es un oficio reconocido en los países que tienen una tradición cultural importante, pero en Latinoamérica es apenas una disciplina en emergencia con ínfulas de convertirse en una moda. Ser curador o decidir serlo es una responsabilidad que se debería asumir con seriedad, pues exige de un estudio concentrado no sólo de los productos artísticos en cuestión, sino de una serie de asuntos que den sentido a la revisión histórico crítica que se hace de los mismos. El curador es, si nos remontamos al origen de la palabra, un cuidador. En Heidegger, la cura está directamente relacionada con lo que él denominaba “sacar de ahí”, expresión tiene correspondencia con la esencia y la verdad, “sacar del lugar del olvido”. Vaya misión la que tiene encima el curador, ¿no?

El curador de arte es entonces un profesional que a partir de una investigación responsable y rigurosa genera discursos visuales por medio del montaje de exposiciones en un contexto determinado. Su razón de ser es el arte y, por consiguiente, los artistas, a pesar de que esto quede en entredicho en la práctica, tal como lo revela el artículo que publicó la revista ArtReview titulado “Dinero, poder, mediadores: la guerra por el control del arte”, en el que —con argumentos de diversa índole— se pone en tela de juicio el lugar del artista en la actualidad; su lugar aparece desdibujado en medio de un juego de intereses que no tiene nombre y que desvincula al arte —precisamente— de su “ser” si hablamos en términos heideggerianos.

El curador además —para ilustrar un poco más a mis interlocutores— tiene a su cargo otras tareas que están relacionadas con sus habilidades como administrador de la empresa que implica la producción de una muestra; sin embargo, considero que su centro es la claridad de la apuesta discursiva que construye con las piezas o imágenes que pone en escena.

Espero, después de esta especie de catarsis, que cada vez me resulte más sencillo decirles a los otros a qué me dedico y sobre todo que si usted se encuentra a un curador de arte por ahí no se quede atónito cuando le hable de su trabajo.

A manera de apéndice...

Sé que para algunos —en verdad creo que para muchos— el arte contemporáneo resulta un escenario sin sentido que no se puede comparar con el arte de otras épocas. En lo personal, lo considero igual de valioso e interesante y sobretodo un propulsor constante de proyectos multidisciplinarios en los que creatividad y tecnología son ejes fundantes.

 

 

*Érika Martínez

 

Conoce más

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.