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Durante 47 años, el régimen fundamentalista de Irán ha amenazado permanentemente con eliminar al Estado de Israel. Lideres iraníes han declarado en repetidas ocasiones que “borrarán a Israel del mapa” y que “basta una sola bomba para aniquilarlo”. Frente a estas amenazas explícitas, el Estado judío no tiene más alternativa que tomarlas muy en serio.
Desde hace más de dos décadas, Irán ha estado desarrollando su programa nuclear y el proyecto de misiles balísticos, con el fin de lograr su objetivo declarado contra Israel. En abril y octubre de 2024, Irán lanzó ataques con misiles balísticos contra Israel sin provocación previa. En junio del 2025, Israel atacó Irán, en el marco de la operación militar “León Ascendente”, con el propósito de degradar la amenaza nuclear y misilística iraní.
Durante los 12 días de guerra, Israel logró resultados significativos al debilitar las instalaciones nucleares iraníes y reducir la amenaza de sus misiles balísticos. Sin embargo, en los últimos meses el régimen ha realizado grandes esfuerzos por revivir sus proyectos de muerte. En este contexto, comenzaron a instalar, a gran profundidad bajo tierra, infraestructuras vinculadas al desarrollo nuclear y a la producción de misiles balísticos, con el objetivo de protegerlas de posibles ataques aéreos. Ante esta situación, resultaba urgente neutralizar estas amenazas antes de que el régimen pudiera completar sus planes.
El sábado 28 de febrero comenzó la operación “León Rugiente”, mediante la cual Israel, junto con Estados Unidos, busca eliminar las amenazas existenciales provenientes de Irán. Al mismo tiempo, la operación pretende crear las condiciones para que el pueblo iraní pueda tomar su futuro en sus propias manos y liberarse del régimen que lo ha oprimido y reprimido durante sus 47 años de existencia.
Los ataques no provocados del régimen contra todos sus vecinos árabes demuestran, una vez más, lo que Israel ha señalado durante años: que Irán es la mayor fuente de desestabilización en la región, un peligro para la paz en el Medio Oriente y, además, representa una amenaza a la seguridad global.
Se trata de un régimen extremista y fanático, considerado como el mayor financiador del terrorismo internacional. Es el mismo régimen que arma y financia a sus proxies, que estuvo detrás de los atentados contra la comunidad judía y la Embajada de Israel en Argentina, y que ha promovido numerosas actividades terroristas en América Latina. Es también el régimen que, hace apenas dos meses, masacró a decenas de miles de sus propios ciudadanos por el simple hecho de querer vivir libres en su propio país.
La operación “León Rugiente” es una puerta de acceso a la paz, no una guerra interminable. Trabajar juntos contra el régimen iraní brindará estabilidad a la región y permitiría ampliar los Acuerdos de Abraham. Asimismo, podría generar oportunidades para nuevas alianzas y acercamientos con otros países árabes y musulmanes. Sus resultados podrían convertir a nuestra región y al mundo entero en un lugar más seguro.
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