Soy Hugo González. La mayor parte de mi vida he tenido la fortuna de ser músico. Estoy seguro de que muchos, en algún momento de sus vidas, quisieron (o aun quieren), interpretar un instrumento musical, cantar, subirse a un escenario, ser seguidos por miles de personas, guardando tal vez en un cuaderno, en un bloc de notas, en sus teléfonos o en su mente alguna frase que pudo haber sido una gran canción, una melodía que llegó a sus mentes camino al trabajo y de un momento a otro, despiertan y deben seguir con sus vidas.
Ese sueño poco a poco se convirtió en mi propósito de vida, y aterrizarlo tuvo sus primeras consecuencias. Empecé entendiendo que dominar un instrumento musical, en mi caso la guitarra, demanda muchas (realmente muchas) horas de práctica , frustrarme al no poder interpretar un solo o una canción como yo esperaba, y ya después de lograr un nivel interpretativo medianamente decente mi primera guitarra acústica como persona promedio en Colombia y Sudamérica, buscar la manera de cumplir un sueño costoso para mí, una guitarra eléctrica, así que tuve que buscar trabajos alternos para poder ahorrar e invertir en ello.
Con un poco de esfuerzo y algunas ayudas de familia y amigos pude conseguir mi primera guitarra eléctrica, una guitarra de estudio (así se le dice de manera amable a una guitarra de bajo costo), y dirigiendo mi energía hacia la nueva misión: armar una banda. Tuve la fortuna de coincidir con un par de soñadores que, al igual que yo, estaban dando sus pasos en todo esto de hacer real un sueño, un baterista (en este caso una) y un bajista, igual ellos con instrumentos “de estudio”, y lo mismo que yo, iniciando una carrera en la universidad, carrera profesional de música. Más soñadores no se podía ser.
Y claro, imaginen las caras de nuestros padres cuando oyeron la noticia de lo queríamos estudiar: música. Así fue: una ceja levantada y una frase muy usada en esta situación “¿Por qué no estudias algo que dé dinero y la música la tienes de hobby?”. Sigo odiando esa frase como cuando me la dijeron, está intacto ese sentimiento.
No se trataba de dinero, no se trataba de estatus, de estabilidad laboral, de tener una familia y sacarla adelante, y ya después pasar un rato agradable con amigos en una tarde de vino y cantando un par de canciones. No. Era la búsqueda, el propósito de vida, dejar un mensaje de lucha, de seguir a pesar de todo, de no renunciar, de hacer frente a las presiones sociales, de encontrar respuestas a la vida y escribir canciones que hicieran que dejaran huella en la cultura del mundo, de hacer historia.
Y me quedé, decidí que esa iba a ser mi lucha, mi camino, y fue definitivamente una decisión difícil. Tuve que sacrificar tiempos, relaciones, momentos, estabilidad, billetera; no importaba nada. La música me dio cosas más valiosas, más intangibles, más profundas, más satisfactorias, poco visibles, pero más importantes, más etéreas. El arte por el arte.
Pero tenía que trabajar, las cuerdas de las guitarras tenían un precio. Así que empezó mi vida como profesor de música. Comencé a cambiar un poco mi repertorio musical para poder llegar a más público. No era muy fan de la música en español, yo más bien grunge, más metal americano, más bluesero, más música clásica y flamenco, pero los espacios para ese tipo de música son muy reducidos aquí en Colombia, así que lo hicimos, y nos fue bien. Tocamos por toda Colombia, también en México y Estados Unidos.
Dentro de este proceso también tuve la idea de hacer música propia, mis canciones, el arte por el arte, trascender con canciones que reflejaran lo que yo siento y como veo el mundo; que la gente oyera mi música significaba algo especial, pero siempre existió un impedimento: una grabación cuesta dinero, y si quieres algo de calidad debes pagar más, un buen estudio, unos buenos instrumentos, un productor musical si el dinero te alcanza. En mis épocas, prensaje, mil CD, diseño de carátula, campaña publicitaria para poder recibir un poco de retribución económica a semejante inversión hecha de manera independiente, inversión que casi nunca volvía. El arte por el arte, siempre el arte por el arte. Así compuse dos discos: “El año del tigre de metal”, “Bang” y un cover versión rock de la canción “Cariñito”.
Pasó el tiempo y llegaron las nuevas tecnologías. El streaming, las plataformas que daban centavos a los músicos por reproducciones de sus canciones, las redes sociales con fuerza, contenido enfocado en cantidad sobre calidad, y cada vez un poco más difícil sobrevivir como artista, y aunque tener difusión era algo más fácil, se volvía más difícil que ese contenido pudiera generar dinero, a pesar de que los gastos continuaran. El arte por el arte.
Ahora llega la IA a este ecosistema artístico, que puede hacer canciones desde una simple orden, sin tener la mínima idea de música, de teoría, de armonía, de composición. ¿Se convierte la IA una enemiga del arte y del músico? ¿Terminará la tecnología volviéndonos obsoletos? ¿Todo lo que hemos construido va a dejar de tener valor, cuando una persona que no tiene ningún conocimiento y por abaratar costos utiliza este tipo de herramientas, quitando fuentes de empleo para compositores, arreglistas e intérpretes? ¿Qué pasará con los músicos en unos años?
Creo que estamos en el mismo punto artistas y no artistas, llenos de expectativas con respecto a qué va a pasar con una historia que antes podría ser fácilmente extraída de libros de ciencia ficción, y que ahora está convertida en una realidad que nos obliga a tomar partido acerca de todo lo que está pasando.
Aún hay cosas que no se pueden remplazar, como los conciertos y la música en vivo en general, y mucho menos la individualidad del artista que emerge como un guerrero solitario frente a un mundo cada vez más homogéneo y predecible, ¿pero hasta cuándo podremos hacerle resistencia?
La música para mí es un proceso de errores constantes, y de esos errores han florecido grandes canciones, movimientos artísticos y aun filosofías y corrientes en el arte en general, y ese proceso es el valor más grande que tiene todo esto, el aprender, el cometer errores, el superarlos y continuar lejos de la imposible perfección mantenida sobre el tiempo, en un mundo obligado a tener cada vez resultados más difíciles de conseguir para un ser humano.
Por ahora, págale al músico por su trabajo. Lo merece. Más adelante veremos. De alguna manera seguiremos adelante, ese ha sido nuestro diario vivir. El arte por el arte.
Nota final: esta nota esta 100 % libre de IA.