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Actualmente están colocando en diferentes emisoras de radio una canción de un reconocido cantautor vallenato alabando un reconocido licor, con el que tomándolo nos aprueban préstamos bancarios, hace milagros y las mujeres tomando dicho licor no ponen condición alguna. ¿Qué es esto? ¿Qué están escuchando nuestros hijos? ¿A qué se refieren con que hace milagros?
Yo, como padre de familia, elevo una voz de protesta no a los cantautores, sino al mensaje que se está transmitiendo a nuestros jóvenes. Acordémonos que hace poco asesinaron a un joven en el sector de la 85 y precisamente fue por la imprudencia y por las causas que produce el alcohol, como dice dicha canción que le activa hasta la circulación provocando que las personas pierdan el control.
En realidad, no me importa que los vallenatos se sientan orgullosos de consumir whisky legal o de contrabando, lo que sí me preocupa es que nuestros hijos sean expuestos a este tipo de publicidad sin ningún tipo de control y sanciones por parte de las autoridades competentes.
Héctor Rodríguez. Bogotá.
La movilidad
Como ciudadano que disfruta y sufre Bogotá, quiero hacer los siguientes comentarios sobre los buses, busetas y colectivos como parte de la política de movilidad:
La privatización del transporte urbano en Colombia no ha dado buenos frutos, permitiendo abusos, desórdenes y un pésimo servicio. Antes de un sistema como Transmilenio, ¿cómo un extranjero podía comprender la ciudad y saber desde qué punto partía y a qué punto llegaba? Ni siquiera yo, que nací en Bogotá, entendía los pintorescos avisos de las busetas, sólo entendía la ciudad por medio de indicaciones de amigos o familiares, algo así como leyendas urbanas que se transmitían de generación en generación. Y esto seguiría así, en el completo desorden, de no haber sido por las políticas urbanas claras, que piensan en la ciudad y su competitividad, el ciudadano y su calidad de vida.
Por lo que entiendo, el “alcalde” quiere darles una segunda oportunidad a las empresas —las que alegan razones como el derecho al trabajo— para organizarse y prestar un servicio medianamente decente. Soy escéptico, miro con desconfianza empresas que no quieren otra cosa que no dejar morir un negocio que les perteneció por muchos años, sin pensar en los usuarios o la ciudad, sino en sus propios bolsillos.
Quiero añadir que aunque el Transmilenio es algo que en mi concepto ha sido muy bueno (no excelente), no puede ser el único medio de transporte para Bogotá.
Ojalá el “alcalde” tenga consejeros inteligentes y preparados que sigan las muy acertadas y valientes políticas de las administraciones anteriores en materia de transporte publico. Estas políticas no necesitan ser modificadas, sino complementadas. Pero no sólo hablando con un tono serio —casi me conmueve—, sino con hechos diarios que afecten para bien mi calidad de vida, nuestra calidad de vida.
Manuel Andrés Rubiano. Bogotá.
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