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Colombia: ¿Desafío de sentencia y eliminación?

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Columnistas elespectador.com: Luis Fernando Ospina V.
25 de mayo de 2021 - 01:30 a. m.
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El gran escritor colombiano y columnista de El Espectador William Ospina dijo en entrevista reciente en Caracol Noticias, palabras más, palabras menos, algo que me sacudió de inmediato: Colombia no lleva un año encerrado, sino un siglo, porque aquí “son muy pocos los que toman las decisiones y no se toman pensando en la gente”.

Y, a renglón seguido, requintó Ospina: “Yo creo que Colombia está necesitando ofrecerles a sus jóvenes un horizonte de dignidad”.

Y puede resultar una casualidad, que no lo creo, que algunas de esas frases, siempre profundas e inspiradoras del escritor huilense, me hicieran trasladarme en el tiempo y el espacio a uno de esos programas de televisión que por unos minutos u horas nos permiten alejarnos de ese otro reality de violencia en que está convertido Colombia cada cuando y cada vez más desesperanzador: Desafío The Box.

¿Habrá algo más parecido y patético que ese escenario de competencia y lucha a muerte para pensar qué está pasando en Colombia? No lo creo, pero acepto discrepancias.

Empezando por las palabras del mismo reality: “desafío” y “the box”. Esto es, te reto dentro de una caja a que me venzas porque, de lo contrario, serás vencido y eliminado.

Acaso no es esa la premisa que en Colombia ha predominado, no desde hace un año como lo advierte William Ospina, al referirse a la pandemia, sino desde hace siglos, para ratificar como él que más allá de un concurso de “súper-humanos”, el país hace décadas vive su propia disputa de eliminación y muerte como consecuencia de unas reglas de juego acordadas y decretadas por unos pocos y que los demás deben acatarlas, pasando incluso por encima de ser necesario.

Pero la metáfora que se desprende del “Desafío The Box” no se agota sólo en eso, sino que permite descubrir muchas otras facetas y, sobre todo, muchos sueños aplazados entre los jóvenes, esos que ahora, como en el programa, están dispuestos a entregar su vida por unos cuantos pesos y, de paso, conseguir reconocimiento, porque, trágicamente, sin lo uno no se da lo otro.

Y es ahí cuando me sacuden las palabras del escritor: “Colombia está necesitando ofrecerles a sus jóvenes un horizonte de dignidad”.

Y no lo digo, claro está, porque el programa sea indigno ni menos sus participantes. Me refiero a que son esos jóvenes los que nos vuelven a gritar, y no es un juego, que quieren salir adelante, tener los mínimos de una vida digna, poder estudiar o conseguir con qué darle una “casita a su mamá”, sin que eso signifique tener que derrotar y eliminar a los otros para poder conseguirlo.

Parte de nuestra tragedia, no sólo la colombiana, sino de la humanidad entera, es haber convertido en un eterno reality lo que debería ser un derecho, ese que en palabras del maestro Ospina se traduce en la oportunidad de que como sociedad encontremos el camino y, sobre todo, que reconozcamos que “hay que volver a encontrarnos”. Y yo agregaría: encontrarnos para cooperar con los otros y no para eliminarlos.

Y en este último aspecto, de muchos otros, es que encuentro quizás algo muy valioso del reality porque ahí también hay mucho de lo que somos como país: la solidaridad, la cooperación, la lealtad, la humildad y el valor de reconocer los errores y, sobre todo, ser capaces de ponernos de acuerdo cuando de objetivos superiores se trata, así tengamos que estar metidos en canecas llenas de hielo, a altas horas de la noche y sin comida, para cumplir las reglas de juego decretadas por algunos, pero que fueron están hechas para asegurar la convivencia y el respeto a la autoridad, y no para someter a nadie.

De eso se trata la dignidad: tiene muy altos costos y premios mucho más valiosos que el dinero.

Por Luis Fernando Ospina V.

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