El celibato no es dogma de fe. Los primeros papas fueron casados.
En el siglo VI se aprobó como ley que ha generado cismas y deserción de religiosos y religiosas que ven recortada su libertad, puesto que renunciar a la sexualidad es contrario a la naturaleza de los seres humanos.
El celibato sólo obliga a la Iglesia Católica y son muchos los religiosos y religiosas que han incumplido este deber, al tener amantes o uniones de hecho, y otros al celebrar matrimonio previo retiro forzado del ministerio.
Si por virtud del celibato se perdiera la capacidad de sentir amor carnal, sería como una castración virtual y no sería necesaria la flagelación para evitar el deseo sexual.
Se asegura que el ser humano célibe se desempeña mejor como pastor de la Iglesia y está a discreción de sus superiores, quienes disponen del lugar de trabajo del religioso. Si esta consideración fuera válida, los militares, policías y los trabajadores que deben desplazarse de su domicilio a otros para cumplir con sus obligaciones laborales deberían ser célibes.
El celibato es contra natura y contra el crecimiento de la Iglesia Católica, porque las demás religiones, en las que sus pastores pueden casarse, han aumentado sus creyentes, algunos antiguos fieles de la religión católica.
Los artículos del Código Canónico fueron demandados, sin éxito, ante la Corte Constitucional, que decidió no estudiar la demanda por considerar que sólo tiene competencia para revisar las leyes del Congreso. Sin embargo, dejó abierta la puerta para que el religioso que sea excluido de su ministerio, por desacato a la obligación del celibato o castidad, pueda reclamar por violación de sus derechos fundamentales.
Carlos Fradique Méndez. Bogotá.
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