Hasta hace pocos años el gas natural, al igual que el petróleo, era abundante solamente en un pequeño número de países. En efecto, del total de las reservas probadas en el mundo —que son de 5.400 terapiés cúbicos (TCf) y representan 60 años de duración a los actuales niveles de consumo—, entre Rusia, Irán y Qatar poseen el 56%. Adicionalmente, 25 campos en el mundo contienen la mitad de ellas y un 50% pertenecen a miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
En contraste, las reservas de gas natural en el hemisferio americano han venido cayendo sostenidamente. Por otra parte, las crecientes preocupaciones acerca de las emisiones de carbono han convertido el gas natural —el cual genera un 50% menos emisiones que el petróleo— en una opción de generación de energía más atractiva.
El gas natural sigue ganando popularidad y espacio; aumentando el consumo no solamente para generación eléctrica, sino para el transporte en camiones y autobuses; y se perfila como combustible-puente para hacer el tránsito gradual hacia el uso masivo de renovables, tales como energía eólica, solar, biocombustibles y eventualmente el uso masivo de celdas de combustible (fuel cells).
La mayoría de las nuevas adiciones de reservas de gas natural convencional —unos 6.400 TCf— se han determinado en el Medio Oriente, pero ya el gas natural es abundante prácticamente en el mundo entero gracias a las reservas no-convencionales descubiertas en Estados Unidos, China y Europa.
El gas no convencional está contenido principalmente en lutitas, que son capas arcillosas que usualmente aparecen intercaladas con areniscas y calizas en la columna sedimentaria de la corteza terrestre. Las areniscas, con su porosidad natural, constituyen las más abundantes rocas que pueden almacenar petróleo y gas natural en el subsuelo. Las calizas, constituidas por depósitos de esqueletos de animales marinos, también pueden conformar yacimientos al almacenar hidrocarburos en sistemas de fracturas.
A diferencia de las areniscas y las calizas, las lutitas, aunque tienen poros, éstos no tienen conectividad, es decir, que cuando contienen hidrocarburos no pueden fluir. Desde hace un par de décadas se han identificado inmensas acumulaciones de lutitas saturadas de gas natural, pero ha sido en tiempos muy recientes cuando se han desarrollado tecnologías de fracturación a altas presiones que permiten producir ese gas. Ello ha permitido sumar inmensas reservas de gas natural de 27.000 TCf en Estados Unidos y de por lo menos 30.000 TCf en China.
A pesar de que los actuales precios del gas natural, alrededor de 5 $/MMBtu, son muy bajos para garantizar la explotación de gas no convencional, se estima que en el mediano plazo esos precios aumentarán. El Departamento de Energía de Estados Unidos pronostica al menos 8 $/MMBtu sostenidamente para el mediano plazo. En el futuro desarrollo económico aumentarán las presiones para erradicar progresivamente el uso de carbón en carga base en plantas eléctricas, lo cual abrirá nuevas puertas para el gas natural.
Las grandes empresas petroleras han comenzado a posicionarse en este nuevo ambiente. Por el momento han venido estableciendo asociaciones que les brindan acceso a yacimientos de gas en lutitas y/o capacidad operacional especializada. Por ejemplo, la asociación de BP con EXCO, una empresa independiente de Dallas posicionada en las lutitas Marcellus en los Apalaches, y asociaciones similares hechas en la zona por Statoil, ENI y Total, además de un inmenso contrato de Shell en China. Para tener éxito en este nuevo mundo, esas grandes empresas deberán combinar su estilo tradicional con modelos más simples y ágiles de negocios, además de nuevos diseños de pozos y diferentes estructuras laborales. Será un reto interesante, pero sin duda traerá como resultado una mayor penetración del gas en la plantilla energética.