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Propone una nueva subsección cultural El Espectador, titulada “Los libros más vendidos”. Es una iniciativa saludable que, no debería restringirse al mundo del libro nuevo y a un pequeño círculo de librerías.
Podría aprovecharse la propuesta para visitar las librerías de libros usados, tanto las de más alcurnia como San Librario y Errata, pasando por las intermedias como Trilce y las más populares, del centro de la ciudad, en torno al centro cultural del libro. Allí también puede rastrearse qué es lo que lee la gente, en especial los jóvenes. Incluso me atrevería a sugerir una tercera iniciativa: divulgar qué se lee en una biblioteca pública como El Tintal (la más cercana de mi casa). Hace muchos años, mi padre, antes de que yo naciera, tuvo una librería en el barrio Olaya, una de las pocas que hubo en el sur de la ciudad. Él me cuenta que aunque nunca pudo vivir de su oficio, sí hizo grandes amigos y “El retrato de Dorian” (así se llamaba) se convirtió en un lugar de encuentro, poco habitual por estas tierras. ¿Cuántas librerías hay en Bogotá, de la calle 1a. hacia el sur y de la carrera 30 hacia el occidente? Las papelerías abundan, pero aparte de una conocida cadena que combina los útiles escolares con algunos libros, no tenemos cerca ninguna. ¡El sur también existe!
Diego Bonilla. Bogotá.
La Comisión Nacional de Televisión
Cada dos años y en vísperas eleccionarias, las críticas llueven sobre este ente autónomo, que nada tiene que ver en el proceso de escogencia de sus miembros. Ello por mandato legal le concierne al Ministerio de Comunicaciones. Algo injusto; que cuando las cosas salen mal, la culpa es de la CNTV, pero si los éxitos son notorios, todos se los quieren adueñar. La Constitución Nacional, en sus artículos 75 y 76, establece lo concerniente a la televisión en nuestro país y crea un ente autónomo integrado por cinco dignatarios. Los que tienen rango constitucional, hasta la fecha, no han presentado suspicacias, pero no se puede predicar lo mismo de quienes tienen desarrollo en la Ley 335 de 1996. Es por ello que urge que periodistas, críticos de televisión, productores y todos quienes estén vinculados con el medio, abanderen una iniciativa que reforme dicha ley. Es el momento de pasar de la crítica a la acción y es la oportunidad precisa de realizar los cambios que la norma requiere. Asimismo, todo político en trance de figuración, lo primero que anuncia es acabar con el ente autónomo, pero por ninguna parte sustenta su propuesta. Incluso, en cierta ocasión, la entonces Ministra de Comunicaciones, planteó la reforma, en el sentido de que se llamaría Autoridad Independiente de Televisión. Convirtiéndose en un eufemismo, distinto, pero lo mismo. Ha llegado a tal grado la desinformación, que en forma absurda se le ha comparado con un ente regulador, cuando en la realidad, la Comisión Nacional de Televisión cumple funciones de inspección, vigilancia, control, regulación, otorga concesiones y títulos habilitantes. Notoria pues la diferencia. Asimismo, es importante analizar que figuras sobresalientes han dirigido al ente autónomo como son: Mónica de Greiff Lindo, Antonio Bustamante, Carlos Muñoz, Jorge Figueroa, Javier Ayala, Ricardo Galán Osma y María Carolina Hoyos Turbay. Ahora, sería conveniente realizar los foros para analizar la televisión en nuestro país, antes y después de la CNTV, pero que se haga sin apasionamientos, de manera libre, objetiva y a conciencia. Entonces, no es de poca monta lo que se debate, pero bienvenido el debate para robustecer la televisión en Colombia.
Rubén Darío Bravo Rondón. Zapatoca, Santander.
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