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Murió el humanismo

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Columnistas elespectador.com
10 de enero de 2009 - 03:07 a. m.
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DUELE, CUÁNTO DUELE VER LA sangre en vivo, con la inmediatez que nos regala el satélite que no soñó McLuhan para mostrar tanto horror.

Duele, cuánto duele, el silencio de todas las naciones, con excepción de la venezolana que por boca y decisión de su presidente, Hugo Chávez, presentó al mundo su profunda repulsa a la masacre de Gaza. No me interesan los argumentos políticos de unos y otros ni las razones que esgrimen para justificar ese baño de sangre en un microespacio. Porque si lo miramos bien, la Franja de Gaza es tan pequeñita que cabe varias veces en el departamento del Atlántico, la miniatura colombiana, departamento al cual se le da la vuelta completa en menos de cuatro horas.

Y sin embargo, Gaza es quizá la geografía más habitada por centímetro (el metro es demasiado), donde se hacinan bajo condiciones verdaderamente inhumanas casi un millón de personas. Y ahora esto que con rostro impenetrable pero con mano de hierro, dos mujeres judías definen como respuesta justa. Y cuando las escucho en televisión, la una canciller y la otra portavoz de las fuerzas militares, me recuerdan el cuento de la hormiguita macho que se le sube a un elefante hembra y dele que dele y al cabo de un rato le pregunta al inmutable paquidermo: ¿Te duele?

 Y entonces toca preguntarse: ¿Y a dónde carajos se fue el humanismo? La única respuesta es que murió de plomazo, fue borrado de la faz de la Tierra y queda en los libros, en los lamentos de algunos intelectuales y filósofos y en la voz de poquísimos líderes que no se atreven a pronunciarse en contra de semejante barbarie. Porque no sólo se debe mirar el aparato militar exuberante, ultramoderno y poderoso con que el gobierno de Israel pretende aniquilar al gobierno de Gaza (legítimamente elegidos ambos), sino el sitio a que somete a la población civil, con ese muro cuyos únicos pasos abren por tres horas para que entre la ayuda humanitaria. Pero como el tiempo es tan escaso, ¡Dios!, lo que logran entrar, los organismos de socorro no lo alcanzan a repartir ni pueden trabajar. Y están sin fluido de energía eléctrica y, por tanto, se quedaron sin agua.

Ni unos ni otros han cumplido a cabalidad los acuerdos y pactos, como lo exigen el humanismo y la decencia de respetar la palabra dada. Ambos gobiernos se equivocan y no les importa lo que causan a una población de ciudadanos de ninguna parte, que son víctimas del extremismo político-religioso. No tiene excusa ninguno de ellos y no tendrán sus líderes perdón de la historia. ¡Pero qué hablo yo de humanismo desde un país donde las masacres no despiertan lo que en Grecia levantó la muerte de un solo muchacho!

losalcas@hotmail.com

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