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HOY 23 DE AGOSTO ES DÍA DE LUCHAR contra la homofobia, un mal que aqueja a nuestra sociedad con profundas raíces en la moral religiosa, los prejuicios personales y la ignorancia, que se caracteriza por ser un miedo irracional o intenso hacia las personas homosexuales (gays, lesbianas), bisexuales, transgénero, travestis y transexuales.
Su mayor manifestación es la negación de la existencia de personas con orientaciones sexuales diferentes a la heterosexual (especialmente en el seno familiar), rechazo a relacionarse con estas personas (ámbito laboral y social) y actitudes discriminatorias y violación de derechos a través de chistes, comentarios inicuos y equiparamiento de estas preferencias sexuales con crimen, pederastia, prostitución, promiscuidad, desenfreno, drogas y malos hábitos de comportamiento.
Y en Colombia somos homofóbicos porque somos una sociedad sexista donde la virilidad se enseña y resalta sólo en función de la negación/oposición a lo femenino y del rechazo a la homosexualidad. Por ejemplo, el que en las Fuerzas Militares se rechace de plano el ingreso de un homosexual bajo la consideración de que es labor de hombres, niega la posibilidad de libre desarrollo de la personalidad a muchos que tienen todas las condiciones físicas e intelectuales para ejercer tal profesión y que por tener una tendencia sexual diferente son rechazados entre burlas y sarcasmos. ¿Acaso el valor, la honestidad, la fortaleza y otras habilidades están relacionadas con la preferencia sexual? De ninguna forma.
Cuando así actuamos como sociedad, a través de instituciones o como personas, sometemos a estos ciudadanos al estigma y por tanto los rotulamos como indeseables, lo que lleva al individuo al aislamiento, la exclusión social y la auto destrucción, producto de las percepciones negativas de sí mismo que le transmitimos y que se manifestarán en temor a hablar y a contar su situación. Son miles los gays, lesbianas, transexuales, bisexuales, travestis y transgeneristas que se ven obligados a llevar una doble vida frente a su familia y sus relacionados por temor al rechazo, la exclusión y el señalamiento ofensivo. ¿Son mejores hijos los heterosexuales? Nunca. Por el contrario y precisamente por el terror a la repercusión negativa de su opción sexual, estas personas suelen ser más devotas a los padres, hermanos e hijos y se imponen penosas cargas emocionales, económicas y físicas para mantenerlos contentos en espera del “perdón” si algún día se enteran.
El uso de términos peyorativos y despectivos no enriquece la construcción respetuosa de las diferencias en una sociedad. Y en pleno siglo XXI Colombia va muy atrás en este tema y nosotros, en los medios, no aportamos en su manejo, porque si no lo situamos en farándula cuando alguna estrella “sale del clóset”, lo ubicamos en crónica roja o en humor, con nefastas consecuencias. Términos como marica, maricón, arepera, homo, loca, marimacho, machorra, desviado, trastornado, disfuncional, enfermo, pervertido, volteado, raro, amanerado, sólo profundizan el terror hacia la homosexualidad y aumentan la exclusión. La sexualidad no puede darles nombre genérico a las personas que no son heterosexuales, como tampoco la etnia a los no blancos. Y ese miedo visceral a la existencia y al contacto con los homosexuales también refleja, claro que sí, el secreto temor de descubrir una respuesta positiva en el alma y en el cuerpo, porque en cada persona coexisten lo masculino y lo femenino y ninguno está exento de que un día a cualquiera lo electrice una mirada, un roce de alguien de su mismo sexo.
