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Preservar la cuenca del lago de Tota

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Columnistas elespectador.com
11 de enero de 2012 - 11:00 p. m.
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A propósito de una carta abierta de la Fundación Montecitos para salvar el Lago de Tota, comentada en editorial de El Espectador hace varios días, es importante tener en cuenta que dos factores que han dificultado de manera especial llevar a cabo la infinidad de proyectos que se han formulado para preservar el lago han sido la falta de coordinación entre los actores sociales e institucionales que usan las aguas de su cuenca, y la poca viabilidad social de tales proyectos.

En cuanto a la coordinación entre actores, los unos acusan a los otros por los problemas del lago, y cada cual actúa de forma independiente en el uso de los recursos de su cuenca, cuando se requieren acuerdos colectivos para construir una regulación que sea efectiva, basada en criterios técnicos y de justicia social, para la extracción y aprovechamiento que del agua hacen Acerías Paz del Río, Coservicios (empresa de acueducto de Sogamoso), nueve municipios y los productores agropecuarios. En el marco del estudio que realizo actualmente sobre los impactos económicos y culturales en la cantidad y calidad del agua de la cuenca de Tota, hemos estimado que la extracción de agua que actualmente se hace del lago, por parte de los actores mencionados, está por el orden de los 1.500 a 1.600 litros por segundo, extracción que en el año 2030 podría llegar a ser de 2.900 litros por segundo de acuerdo a los cálculos de los ingenieros Cañón y Rodríguez de la Universidad Nacional de Colombia. Dicha extracción genera beneficios económicos significativos para todos los usuarios, los cuales deberían ser equitativamente retribuidos al ecosistema a partir del sano criterio jurídico de asumir cargas proporcionales a los beneficios obtenidos, que no es lo que acontece hoy en día.

En cuanto a la viabilidad social de los proyectos, es determinante tener en cuenta el importante peso que tiene el microfundio en la cuenca (sólo el 7,6% de los 5.500 predios existentes son superiores a 1 hectárea), y que el cultivo de cebolla larga sacó a sus habitantes, especialmente a los de Aquitania, de la pobreza sin orillas en la cual vivían cuando en la zona predominaban los cultivos de papa, haba, cebada. La cebolla representa rentabilidades significativas (del 240% por hectárea según lo estableció el estudio pionero de Pierre Raymond en 1990) que han permitido a muchas familias lograr lo que generaciones anteriores no llegaron ni a soñar como, por ejemplo, brindar estudios superiores a sus hijos en universidades de Boyacá y Bogotá. Sólo si los productores tienen alternativas económicas que igualen o mejoren las rentabilidades actuales, los cambios serán posibles. Ya la Asociación de Productores de Cebolla Limpia de Aquitania -Parcela-, demostró que es posible generar abono de excelente calidad utilizando y compostando la elodea, planta acuática que invade el lago, como remplazo de la dañina gallinaza cruda que se usa en la región y que contamina el lago. Producir ese abono en gran escala podría abaratar costos del cultivo cebollero, reduciría la contaminación del lago y la invasión de la elodea en el mismo. Son este tipo de iniciativas las que pueden ser socialmente viables.

Por otra parte, no se debe olvidar que la cuenca de Tota atiende el 75% del mercado nacional de cebolla larga, la mayor parte del cual se realiza a través de Corabastos en Bogotá, razón por la cual en mesas de concertación como la propuesta por la Fundación Montecito en su carta abierta deben estar los grandes compradores de esta central de alimentos, quienes exigen cebolla gruesa, de hojas muy verdes, de muchos gajos, lo que induce el sobreuso de agroquímicos contaminantes en los cultivos.

Tal como lo señala el editorial, para que no ocurra en Tota lo que aconteció en Fúquene, la preservación de este ecosistema debe ser asumida como un propósito nacional, pero sin olvidar que los actores y protagonistas principales de la misma deben ser los actores sociales e institucionales que configuran la geografía humana de esta cuenca excepcional. Sólo con su activa participación, el lago podrá ser salvado.

Jairo Chaparro Valderrama* Profesor, consultor

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