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Sobre Guillermo Valencia

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Columnistas elespectador.com
10 de mayo de 2009 - 10:40 p. m.
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En primer término, debo agradecer al señor Araújo que a lo largo de todo su escrito reconozca, insista, recalque, que Guillermo León Valencia nació, creció y fue educado como un “príncipe”.

Ciertamente, Valencia fue muy bien educado en el hogar del maestro Valencia y su esposa, Josefina Muñoz, donde el decoro, el honor, el trabajo, el saber y las alegrías abundaban en permanente florescencia.

Es normal y popular que las gentes, ante la presencia de los hombres cultos, inteligentes y atractivos, se refiera a ellos con emoción y simpatía diciendo: “es un príncipe”.

El señor Araújo con su furioso rechazo al encanto luminoso que rodea a los “príncipes” pone todo el énfasis en advertir y notificar que él jamás ha hecho parte del “principado” criollo. Nos deja entonces un interrogante: ¿quizás le tocó crecer y formarse en los antros de la “social bacanería” o en los oscuros socavones de los ignorantes maleducados?

Guillermo Valencia, príncipe de las letras, escribió para ellos, en su poema Anarkos: “el hombre. Como el huevo./ En nidos de dolor será serpiente./ En nidos de piedad será paloma”.

Los grandes de Colombia renuevan nuestra democracia, que ofrece a todos una tribuna libre, ocupada sin cesar por todas las vertientes ideológicas. Aquí se aparece el señor Araújo, en su oficio: vulgarizador de la historia como personero auténtico de los de su calaña de manzanillos envenenados.

El señor Araújo debe ser cliente fijo de la “peluquería” del Poncho Rentería, “academia” chévere y grosera, donde estos personajes se deleitan espetando insultos a los dirigentes de la nación. Su desbordada afluencia en el agravio injusto a la memoria, sin mancha, de un ex presidente, me obliga a traer el testimonio de algunos de los más ilustres compatriotas sobre Guillermo León Valencia.

Oigamos a Alberto Lleras Camargo, en su discurso pronunciado en la Plaza de Cisneros, en Medellín, en junio de 1957: “… Ese frente ha escogido para simbolizar su entendimiento la figura antitécnica de la dictadura, su contrario específico… La selección no se hizo al azar, ni entre millones de personas, en un acto insensato de lotería. Se buscó entre los combatientes democráticos el más calificado; entre los políticos a aquel que representara mejor las condiciones de abnegación, lealtad y honestidad que exige el servicio público: Guillermo León Valencia”.

Oigamos a Carlos Lleras Restrepo, en su conferencia radial de mayo de 1957: “En muchas ocasiones crucé con él (Valencia) mis armas y en no pocas trabajamos juntos para evitarle a Colombia la inmensa tragedia que, infortunadamente, tuvo que soportar. Nuestras dos plumas escribieron el pacto de tregua firmado a raíz de los sucesos del 9 de abril... Ninguna reserva tengo con respecto al patriotismo de Guillermo León Valencia, ni sobre su lealtad personal y política, ni sobre su devoción por el servicio de la República”.

Que se confronten estas opiniones de los más grandes y gloriosos colombianos, con las de los socios de la “peluquería” de la social bacanería, que difaman con tinta envenenada por el rencor y el odio propios de la lucha de clases. Y, como decía Valencia: ¡Que el pueblo juzgue!

 Ignacio Valencia López. Bogotá.

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