Ante la pequeñez de propuestas de cambio que pululan entre tanto aspirante a presidente, descuellan las iniciativas de Claudia López. Y no porque desdeñe ella el menú de campaña –seguridad, salud, empleo, corrupción–. Es porque, con los aderezos que agrega, cambia la vianda: habla del cómo, del cuándo y, sin perder la perspectiva del mediano plazo (propone “cosas realizables a cuatro años”), dibuja el horizonte estratégico de un país “para la gente”. Sobre la medianía de quienes hoy mandan y de los que aspiran al puesto, destaca la figura que afinca su criterio en la formación fogueada en experiencia de gobierno.
Se muestra López capaz de capotear la crisis de salud, pues viene de enfrentar la peor del sector, que la pandemia trajo. Como alcaldesa de Bogotá apretó la rienda contra el desastre anunciado, encaró con eficacia la avalancha y asumió como autoridad nacional en la crisis. Hoy ahoga la corrupción a 77.000 familias en Córdoba, porque en este Gobierno se robaron, a manos llenas, la plata de la entidad diseñada para prevenir esos desastres. Y el alto poder, impávido. Antes bien, gastando $14,8 billones en otro medio millón de contratistas del Estado, activistas en campaña del Pacto Histórico, pese a la crisis fiscal. Ignora olímpico los once millones de votos que recibió una consulta contra la corrupción convocada por Claudia López.
“Yo me he hecho matar por la lucha contra la corrupción”, le dijo López a Daniel Coronell, por el cambio, por la gente. Por derrotar al uribismo con una propuesta de soluciones capaces de poner la casa en orden, defender a los colombianos y hacer que los cambios pasen y duren. Apunta a la autonomía y el desarrollo descentralizado que potencie a las regiones como motor del desarrollo nacional. Y no ofrece milagros; aboga por tres acuerdos de base: uno por la seguridad y la gobernabilidad territorial, otro por la igualdad y la justicia social, y otro por el desarrollo regional hacia una Colombia federal, de la mano de la gente. Para cuidarla y defenderla y darle, además de seguridad y justicia, calidad de vida: salud, educación, trabajo, protección social.
Y cuidar la paz. Ésta principia por cumplir los Acuerdos, honrar a las víctimas, darle grandeza a la Fuerza Pública y entender que el conflicto político armado se acabó con la desmovilización de las FARC. Hoy sólo quedan organizaciones criminales que se disputan rentas ilícitas. Garantizar la seguridad y la autoridad legítima del Estado corre parejas con recuperar el control de las finanzas públicas y acabar sin contemplaciones con la corrupción.
Invita a derrotar el 8 de marzo al uribismo, que lleva años poniendo todos los palos en la rueda: que la paz, no; que reforma agraria, no; que reforma laboral, no; que reforma pensional, no. Vamos a defender las conquistas logradas y a corregir lo necesario para avanzar, afirma: esta condena al asedio de la mafia y la violencia, al desastre de la salud, al despilfarro de recursos públicos y al endeudamiento más caro de la historia.
Lamenta López el rechazo de Fajardo a su propuesta de alianza (que divide al centro en porciones equivalentes), a diferencia de años atrás, cuando ella lo acompañó “a cambio de nada”, y sacaron 4’600.000 votos. Para ganar la presidencia le faltaron a Fajardo 200.000 de los 360.000 que Humberto de la Calle sacó, con quien aquél rechazó alianza. Diríase que Fajardo responde al sino trágico del que busca la derrota y funge de inocente, aunque el sacrificado sea el país.
Pero Claudia porfía en lo suyo: cuidar a la gente, trabajar con la gente, respetar a la gente. La gente. Amarre que convierte la palabra en acción, en levadura para el pan. Declara: Colombia no necesita un agitador, de ninguna extrema; necesita un líder. Y ella obra como tal.
Cristinadelatorre.com.co
Coda. Ver programa de gobierno en claudia-lopez.com.