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Colombia: ¿otra tiranía tropical?

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Cristina de la Torre
13 de julio de 2021 - 05:30 a. m.
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Al parecer, Duque pide pista en el eje del platanal que Ortega y Maduro presiden. Da un portazo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que ha confirmado en Colombia, como lo registró en Nicaragua y Venezuela, cifras aterradoras de homicidios, desapariciones y vejámenes contra manifestantes a manos de una Policía militarizada. Y paramilitarizada. El CD, partido de gobierno, descubre en el informe “sesgo ideológico de izquierda para mostrar al Estado como opresor (cuando éste) propende por la seguridad de los ciudadanos y por garantizar su derecho a vivir en paz”. Nirvana dorado que casi sólo existe en el papel y en las peroratas de este Gobierno a la galería. En Nicaragua, ni en el papel. También Ortega vio sesgo, pero de derecha, en el informe de la CIDH sobre su país: el documento “convertía un intento de golpe de Estado en una supuesta protesta pacífica”. Hubo 322 muertos. Pese a la presión de Duque en 2019 para que Maduro recibiera a la Comisión, este la rechazó. Para sendos países creó ella un mecanismo de monitoreo de derechos humanos, el mismo que anuncia ahora para Colombia.

“No aceptamos mecanismos de verificación, porque nuestro Estado es fuerte, robusto e institucional” y no se excede en uso de la fuerza, declara el Gobierno. Poca cosa le parecerán las 73 víctimas fatales, 41 con cargo directo a la Policía y 32 en verificación de idéntica autoría. O los 84 desaparecidos en protestas que la Fiscalía reconoce, cinco de los cuales ya aparecieron muertos. Mas, acaso para solapar la tragedia, puso Duque todo el énfasis en los matices que la CIDH dibujó sobre el recurso al bloqueo de vías, que acabó por alinear a muchos contra el paro. Y tergiversó el análisis. Ateniéndose al derecho interamericano, lo justifica la Comisión como recurso temporal y limitado, nunca si viola derechos de terceros a la vida, la salud o el acceso a alimentos. Entonces espetó el presidente su sentencia heroica: “Nadie puede recomendar a un país su tolerancia con actos de criminalidad”.

Embriagado en el dulzor de su propia frase, creyó lavar con ella la sangre que corría en calles y centros de detención. Y bendecir la entronización urbana de la estrategia contrainsurgente que durante medio siglo cobró con su vida en los campos a todo el que discrepaba o reclamaba lo suyo. Enemigo de la patria, del Estado fuerte, robusto e institucional será ahora también el estudiante, el desempleado, el desplazado sin horizonte de las periferias urbanas, blanco de las Camisas Blancas que suman sus armas a las de la Policía y el Ejército. Ejército autorizado por decreto de “asistencia militar” para disparar, “si toca”, sobre personas inermes y prevalecer a la fuerza en medio país sobre autoridades civiles elegidas democráticamente. ¿No es este el principio activo del tirano, llámese Franco, Trujillo, Ortega o los napoleoncitos de cartón que florecen como plantas carnívoras en estos trópicos?

De todo ello se duele la CIDH. Del tratamiento de guerra que aquí se da a la protesta social, cuando las penurias y humillaciones acumuladas por generaciones revientan en un grito sostenido de dos meses que este Gobierno ni oye, ni entiende ni calibra su historia y su potencia. Reacio a los hechos, incapaz de medir la hondura del descontento, se alela entre la fantasía de la conspiración comunista y la acción administrativa que sólo acierta cuando se trata de frustrar la paz, enriquecer a los amigos y librarlos de la cárcel. No quiere saber de encuentros y asambleas de vecinos que reverberan acá y allá, a veces a tientas, otras con más luces, en cientos de municipios que se comunican y van depurando anhelos comunes. Se organiza la gente para la protesta y para las elecciones de 2022. Tal vez sea cierto: no hay tirano en ciernes que dure 100 años ni pueblo que lo resista.

Cristinadelatorre.com.co

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Pedro(86870)14 de julio de 2021 - 05:14 a. m.
Cierto, como pudieron los colombianos votar por estos monstruos: uribe-duque. Que horror¡¡¡¡¡
Lorenzo(2045)14 de julio de 2021 - 02:30 a. m.
Pero ¿qué ocurrió en Colombia antes del ascenso del andino─autoritarismo fascistoide? ¿Cómo llegó todo un país a votar a uno de los dictadores más crueles de Latinoamérica?
  • Lorenzo(2045)14 de julio de 2021 - 02:30 a. m.
    Pues respuestas a estas preguntas pocas veces planteadas, son las cuestiones a las que la opinión pública independiente debería priorizar.
Lorenzo(2045)14 de julio de 2021 - 02:29 a. m.
Un viaje de regreso -como mínimo a 1990- nos mostraría una Colombia que empezó a sumirse en una fuerte crisis económica, víctima de un Consenso de Washington aceptado por la desvalijadora eternizada: la clase política; con su versión emergente: el kínder gavirista. Kínder vitalicio, de tipos de más de 65 añitos que por ahí andan todavía pretendiendo salvar el país.
Lorenzo(2045)14 de julio de 2021 - 02:26 a. m.
Traición de profundas connotaciones; servilismo ante el abusivo Washington, lesivo siempre con nuestro -para entonces- enclenque Estado de Bienestar, o lo que quedaba de él, después de los gobiernos de turbay, belisario y Virgilio, década castrense de los 80’s, reanudación laurenista del Sísifo nacional: reanudación de pérdida de valores éticos, cuatrienio tras cuatrienio.
  • Lorenzo(2045)14 de julio de 2021 - 05:05 a. m.
    Manipuladores del Estado, políticos compadritos que mienten al decir que Colombia es un Estado Social de Derecho, mientras que entre carnaval y fútbol la pobreza se olvida entre bailes liberadores y libertinaje a escondidas; hábitos comprobables en los flashbacks proyectados por uno que otro cineasta, escritores o documentados por trabajos de investigadores sociales independientes.
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