No se sabe si por cálculo político o por inadvertencia. Pero el silencio del presidente, de su jefe y su partido sobre los abusos, errores, disparates y provocaciones que en un año acumuló el registrador tributó a la barbaridad final: a la oposición triunfante el 13 de marzo le embolataron, como al desgaire, medio millón de votos; y cuando jueces y notarios se los devolvieron en el escrutinio, fue Troya. Tal vez aconsejado por sus fantasmas y demonios, transformó el expresidente Uribe la enmienda del error en inminencia de fraude e incitó a desconocer el resultado de las urnas. Un defecto de forma en el tarjetón —ya salvado— mutó...
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