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El centro, un milagro

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Cristina de la Torre
08 de diciembre de 2020 - 03:00 a. m.
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Sí, es milagro la configuración de una mayoría de centro en esta democracia estrangulada por fuerzas retardatarias que perduran en estado puro o se reeditan al capricho de los tiempos. Heridas reabiertas que supuran y ya hieden en el tercer mandato del uribismo, son recuerdo viviente de la Violencia afilada por la jerarquía católica, de la Guerra Fría, de las guerrillas marxistas y el paramilitarismo, de la religión neoliberal. De todos los fanatismos, que se resolvieron en extremismo político.

A la cabeza de aquellas fuerzas, la violencia entre partidos restaurada para ahogar en sangre las reformas liberales —Estado y educación laicas, reforma agraria— que triunfaban por doquier y en Colombia intentó López Pumarejo. Hoy se extermina a todo un partido político, la UP; se asesina a los líderes del pueblo que reclaman tierras; se conspira con proyectos contra la libertad de pensamiento; se violenta la vida privada, y se enarbola la maltrecha bandera de la familia patriarcal como modelo único en la abigarrada diversidad de nuestra sociedad. Ángel de la guarda de los promotores de aquella contienda, la hipocresía de algunos obispos y cardenales engalanó como mandato divino su incitación a la violencia política y doméstica. Hoy renace en su voto contra la paz, en el ominoso bozal que impusieron al padre Llano, eminente pensador, por humanizar la figura de Jesús.

Cocinada al calor de la Guerra Fría, la doctrina de seguridad nacional convirtió en enemigo interno al contradictor político: pudo ser objetivo militar el liberal-comunista, como hoy lo sería el opositor señalado de guerrillero vestido de civil. A su vera, el paramilitarismo legalizado por los manuales militares de contrainsurgencia desde 1969, hasta su apoteosis en las Convivir del CD. Por su parte, las guerrillas marxistas invadieron el espacio de la alternativa democrática y legitimaron la tenaza iliberal de una dictablanda que no necesitó del golpe militar para acorralar a la oposición y al movimiento social. La desmovilización de las Farc y su compromiso con la paz dejarían sin bandera (sin el enemigo necesario) a la derecha guerrerista. De allí que se despeluque ella todos los días por volver a la guerra.

Por fin, a esta dinámica autocrática contribuyó en los últimos 30 años la tiranía del pensamiento único en economía: la religión neoliberal que emana en densas ondas desde la más refinada academia y desde los órganos del Estado que trazan la política económica y social. Todos los carrasquilla en acción.

Todo el conservadurismo en acción contra el centro político que reclama paz, respeto a los derechos civiles y políticos, genuina democracia liberal en Estado de derecho, capitalismo social garantizado por un Estado que controla los abusos del mercado y redistribuye beneficios del desarrollo. En acción contra este centro (53 % de los colombianos, según Invamer) que amenaza coligarse para ganar la Presidencia y una mayoría parlamentaria.

Suculento plato electoral que quieren las extremas asaltar: el presidente, flamante miembro del eje Trump-Duque-Bolsonaro, se declara de “extremo centro”. Y meterá cuchara Uribe, verdugo de la paz, el de los “buenos muertos”, el de las “masacres con sentido social”. Más radical por la ferocidad del lenguaje y por la arbitrariedad de sus antojos que por su programa de reformas, Petro niega la existencia del centro. Porque sí.

No puede tenerse por tibio a quien demanda democracia y equidad en un país que se sacude a jirones la violencia ancestral contra todo el que se sitúe por fuera de la secta en el poder. Probado está: en este edén de águilas y tiburones cualquier desliz reformista puede costar la vida. Por eso la existencia del centro es un milagro.

Coda. Esta columna reaparecerá en enero. Feliz Navidad y salud a los amables lectores.

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Lalo(70277)09 de diciembre de 2020 - 12:08 a. m.
Querida Cristina: usted mejor que nadie sabe que el centro es una ficción teórica, política y práctica. No puede haber centro político en sociedades como la nuestra, atravesadas por profundas e inconciliables contradicciones, donde el centrismo termina haciéndole el juego al orden establecido de las clases dominantes, que así se ven reforzadas y legitimadas para ejercer su ancestral hegemonía.
juan(9371)08 de diciembre de 2020 - 10:32 p. m.
Adiós, pues....
Hugo(14000)08 de diciembre de 2020 - 08:50 p. m.
El"centro".El de los justos y los sabios, que saben lo que es bueno y lo que es malo;la dosis ideal de esto y aquello.Los que creen que lo que está más allá de su linea es un extremo.Los que se avergüenzan de decir que quieren cambiar de a poquito,sin tocar a los que detentan el poder y la riqueza,modificando un tantito las instituciones y las leyes;los que hacen acuerdos,¡pero entre los mismos!
Javier(17568)08 de diciembre de 2020 - 07:39 p. m.
La idea de un centro en política es “disruptiva”, intenta superar el dualismo izquierda-derecha de la política. Ese dualismo, Viene Desde Los Albores de la Revolución francesa Los conformes con que el Rey pudiese vetar todo a la Asamblea se sentaron a la derecha; los que Pugnaban X un veto ‘suave’ o inexistente, A la izquierda; y por último, al centro se ubicaron los indecisos.-
  • Javier(17568)08 de diciembre de 2020 - 07:40 p. m.
    En Colombia, se ha venido posicionando una Engañosa corriente que se autodenomina de centro. Su discurso Posa de anti-polarización. O sea, el mismo de aquellos indecisos franceses que por no ‘polarizar’ se hicieron en el centro, Aupando de Salvadores importantes de la época. ¿No aporta acaso esa indecisión a quienes ostentan el poder, en este caso, al Rey Uribe ?-
mario(196)08 de diciembre de 2020 - 07:18 p. m.
El pais es pluralista y el voto de opinion cada vez se deja asustar menos de lobos feroces imaginarios o reales, en espera de candidatos nuevos, q no se dejen encasillar y que le ofrezcan al pais un liderazgo fresco a los q copian el manual del partido republicano gringo les espera el mismo resultado q alla: un partido en via de extinsion
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