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¿El ELN pedirá perdón?

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Cristina de la Torre
07 de julio de 2026 - 05:05 a. m.
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Hace 40 años, el 14 de noviembre de 1985, el ELN asesinó a Ricardo Lara Parada, cofundador y segundo al mando del grupo guerrillero, en su casa de Barrancabermeja y en presencia de su hija de cinco años. Como en otros casos, esa organización armada ejecutó “por traición” al disidente político que osaba discutir el dogma de aquella iglesia que se reputaba ejército revolucionario. Fecha luctuosa, ella rubrica el sinsentido de una guerrilla nacida en la búsqueda de justicia social, pero acomodada a las crueldades de la guerra sucia y de su propia tiranía en el mando. Cuando Lara cayó preso en 1973, tras la debacle de Anorí que casi liquidó a esa organización, llevaba años discrepando del militarismo que la aislaba de las masas, disfrazaba de epopeya su inhabilidad para la política y deificaba el mando absoluto, arbitrario, del jefe sobre la “guerrillerada” que había dejado el aula o el azadón para entregarse a la revolución. Lara abandonó las armas para abrazar la causa de los inconformes y fundó el Movimiento del Magdalena Medio (MAM), alternativa legal al bipartidismo, de cuya amplitud habló la avalancha de indignados que concurrió a su sepelio.

Tras la derrota militar de Anorí, el ELN volvió a su sino: reconstruyó el mando mediante otra “purga ejemplarizante” en la cúpula. Y Lara reafirmaría que, en el ELN, “la guerra dejó de ser dirigida por la política, para que esta fuera dirigida por la guerra”. Ya otros críticos habían sido ejecutados en aquella insania de llegar a perder más hombres por fusilamiento interno que en combate con el enemigo. Inmolados por diferencias de ideas fueron, entre otros, Jaime Arenas, Víctor Medina Morón, Eliodoro Otero y Julio César Cortés. Y, ¡ay!, el jefe expuso a Camilo Torres en un combate para el cual no estaba preparado. Así murió el líder de masas que no se viera desde tiempos de Gaitán; no merecía ser tratado como guerrillero raso ni movido a la idiotez de “ganarse el arma en combate”. Pero el jefe logró su cometido: compró barato el mártir que su presunción necesitaba. Jaime Arenas se dolía de esta tragedia: “Huérfano de capacidad autocrítica, el ELN se ha sumergido en el sectarismo; [por eso sus contradicciones internas] desembocan en el fusilamiento de revolucionarios probados”.

En entrevista concedida a esta periodista en 1980, dijo Lara que la historia había desvirtuado las razones que dieron origen a la insurrección. El foco guerrillero, eficaz en Cuba, no sirvió en el resto de América Latina. Ni siquiera allí donde había dictadura. Menos aún parecía justificarse en Colombia, una democracia defectuosa, sí, violenta, pero lejos de los regímenes sanguinarios de los Pinochet y los Videla. Sólo en 2016, décadas después de que hubieran desaparecido las guerrillas en todo el continente, finalizó en Colombia el conflicto armado. Hoy quedan bandas criminales, algunas disfrazadas todavía de guerrilla.

Pese al desastre de la Paz Total, pese a las concesiones y ventajas que el Gobierno otorgó en la mesa al ELN y catapultaron el poder del grupo armado, no ha mucho pronunció el presidente Petro una sentencia que la historia guardará: el ELN –dijo– reemplazó a Camilo Torres por Pablo Escobar. Se dirá que si este grupo armado aspira a la paz, o a sobrevivir, deberá empezar por pedir perdón. Al país, por las desgracias causadas, a los 12.000 secuestrados y sus familias (cálculo integrado de cifras oficiales), a la región del Catatumbo por los 100 homicidios y los 100 mil desplazados producto de su incursión del último año, a la base guerrillera de antaño, cuyo ideal revolucionario traicionaron los jefes. A los hijos de Ricardo Lara Parada, depositarios de la semilla de cambio que su padre sembró en Colombia. Que por una vez protagonice el ELN un acto de valentía: pedir perdón. Pedir perdón como antesala de paz, o como simple condición de honor.

cristinadelatorre.com.co

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Juan Pablo Alvarez Salcedo(3racf)07 de julio de 2026 - 10:33 p. m.
Un río de sangre y ceniza arrastra la promesa rota del perdón. Bajo el sol inclemente, el lenguaje se pliega en el dolor: mientras los fusiles retumban en la selva y las comunidades padecen el confinamiento eterno, la paz se reduce a un trámite notarial de gestos tardíos. No hay redención en la palabra si la violencia sigue devorando los días.
Marco Antonio García Quiñones(88477)07 de julio de 2026 - 09:22 p. m.
Los Héroes de Machuca. Y no es para menos pues allí "liberaron" a 84 sufridos colombianos.
Lismario Duque Ramirez(26872)07 de julio de 2026 - 07:26 p. m.
PETRO LOS CALIFICO MUY BIEN , COMO GRUPOS MAFIOSOS, ESO SON, Y NO VAN A PEDIR PERDON PORQUE LO UNICO QUE LES INTERESA ES CONTINUAR CON EL NEGOCIO DEL NARCOTRAFICO Y EL SECUESTRO.
Tocayo50(5582)07 de julio de 2026 - 02:32 p. m.
El único destino final que espera y merecen los tales "matusaELeNicos" es su desaparición total. La vida es un péndulo y este ya inició su irreversible retorno hacia el fin de este malhadado grupo criminal, desplazador y violento. Las fuerzas militares de nuestro pais harán posible este anhelo de todos los colombianos, acabar con esta escoria y las otras que han surgido o seguido en las mismas.
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