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Otro mapa político en Colombia

Cristina de la Torre

23 de junio de 2026 - 12:05 a. m.

Con el arribo de la izquierda al gobierno en 2022 y el triunfo de la derecha en esta elección de 2026, se consolida el ingreso de Colombia en el club de las democracias que alternan el poder entre fuerzas dispares. Siendo minoritaria pese a navegar entre el 45 % de electores que se reclaman de Centro, esta fuerza recupera entidad como propuesta socialdemócrata al lado de la izquierda y la derecha en el sistema de partidos. La ultra abelardista, inspirada en las opciones más retardatarias del continente e integrada en torno al Centro Democrático, incorpora el voto castigo a Petro y su Gobierno. Y la izquierda, un movimiento popular que gravita en torno al Pacto Histórico, sacude los viejos poderes que habían ahogado en sangre la revolución liberal de López Pumarejo. Así se delinea el fresco de una democracia pluralista. Este Centro se ofrece, además, como pivote del diálogo entre contrarios, cuando la solución a los problemas más graves reclama un acuerdo nacional.

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No bien concluyó la jornada electoral este domingo y para sorpresa del todos, Cepeda y De la Espriella tendieron mano conciliadora a sus contradictores. El candidato del Pacto Histórico casi convirtió en victoria su derrota por un margen del uno por ciento: asumió como jefe de la oposición y de su partido. Lo reivindicó como la fuerza mayoritaria en liza, orgullo del cambio iniciado en el Gobierno que termina. No vamos a permitir que retrocedan las conquistas sociales alcanzadas, dijo, ni permitiremos que se violente la democracia, ni nos asustan las amenazas a nuestro ejercicio de la política. Pero aquí estamos, dispuestos al diálogo y a suscribir el acuerdo nacional que nos permita encarar juntos los más graves problemas del país. Y De la Espriella anunció que gobernará para todos los colombianos: no habrá vencedores ni vencidos, declaró, ni habrá retaliaciones o persecución a nadie. Enhorabuena. Saben uno y otro que, no siendo mayoría, la concertación será el único medio de gobernabilidad y de oposición en regla.

Acuerdos entre rivales que habían llegado sin debate a la elección, tras una campaña convertida en guerra de dogmas y vanidades, incendiada en la compulsión inocultable de ver al otro desaparecer. A las urnas se llegó en pánico, entre presagios de violencia y quiebre de la democracia. Pero un clamor se levantaba ya desde todos los flancos del reformismo democrático para conjurarlos, en defensa del Estado de derecho, las libertades, los derechos humanos, el pluralismo, la prerrogativa de ejercer oposición y libre examen. En cabeza de José Antonio Ocampo, Juan Camilo Restrepo, Cecilia López, Jorge Iván González y Moisés Wasserman, decenas de intelectuales con recorrido en la cosa pública lanzan un manifiesto de mínimos para abrir el diálogo entre grupos dispares pero unidos en la búsqueda de un país mejor: respeto al resultado electoral y a la Carta del 91, “producto del más amplio pacto político de nuestra historia”. Genuina disposición al diálogo entre antagonistas que tienden puentes. Al Manifiesto se suman un Decálogo de Sergio Fajardo y la oferta condicionada del voto de Claudia López a Cepeda con miras al acuerdo nacional; para comenzar, entre sectores de izquierda y del reformismo democrático “para evitar la certeza de una derecha hegemónica, violenta y autoritaria”.

No es seguro que esta derecha honre su palabra de última hora que le facilitaría el ejercicio de gobierno, en particular si decide más bien rendirse a Trump. Como reacción al dogma mesiánico, arma de toda tiranía, el Centro suscribiría la oferta de concertación sin sacrificar su independencia de base. restauraría la opción socialdemócrata. No la tendrá fácil la autocracia, pues habrá quien resista y contraproponga y se crezca y se organice en el ejercicio de una oposición constructiva. Que empezará por coligarse para discutir lo importante y acordar lo posible.

cristinadelatorre.com.co

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