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Drogas: el debate que nos deben

Cristina Nicholls Ocampo

01 de marzo de 2023 - 09:05 p. m.

El narcotráfico ha sido gasolina para la guerra, la violencia y la muerte en el país. Ríos de sangre han corrido a causa de este flagelo que lejos de avizorar su fin ha sofisticado las formas en las que opera. Indudablemente, casi todas las esferas de la vida colombiana han sido atravesadas por la economía de las drogas. La política, la salud, la cultura, la seguridad, la paz, las relaciones internacionales, todo ha sido tocado. A lo largo de los años la estrategia gubernamental ha sido la criminalización y el prohibicionismo, fórmulas que hoy podemos decir han resultado ineficaces. En vía de buscar alternativas, amplios sectores de la sociedad han invertido innumerables esfuerzos en la búsqueda por contrarrestar los terribles efectos del estado de cosas actual. Desde comunidades campesinas, afros e indígenas hasta periodistas, artistas, grupos de mujeres, jóvenes, científicos y académicos han construido propuestas novedosas que merecen ser evaluadas y discutidas.

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Teniendo en cuenta lo anterior y entendiendo que del abordaje distinto al narcotráfico dependen cuestiones cruciales como la paz, los líderes políticos de la nación deberían estar en sintonía con la urgencia de posicionar un debate maduro que le presente al país la necesidad del cambio. Por el contrario, lo que hemos visto en el congreso ha sido la individualización y la trivialización del problema. A pesar de las buenas intenciones, creo desacertadas las declaraciones de congresistas como Daniel Carvalho y Susana Gómez. Ponerse a sí mismo como ejemplo de consumidor “exitoso y funcional” es equivocado, así como lo es exponer casos de habitantes de calle con consumos problemáticos para alimentar la narrativa del estigma. Existen factores exógenos que atraviesan el consumo y que hace parte de las categorías de análisis que se deben abordar para proponer salidas. Esos factores quedan completamente desdibujados en discursos como los de nuestros representantes y sin duda alguna ponen el foco en las reacciones moralinas de uno y otro lado. Además, le restan espacio y atención a las cuestiones de fondo.

En un momento como el que atraviesa el país los colombianos estamos esperando discusiones y propuestas de altura que planteen soluciones serias a problemas históricos. Sobre el tema de drogas queremos ver planteamientos sobre seguridad, paz, política criminal, legalización, tierras, género y salud pública. En este punto no nos interesa si los congresistas son o no consumidores asiduos, nos interesa sí que hagan bien su trabajo.

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