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El pastiche de Abelardo

Cristina Nicholls Ocampo

25 de abril de 2026 - 12:14 a. m.

Abelardo de la Espriella, anteriormente abogado y ahora contendor presidencial, siempre ha aparecido en la vida pública con excesivo histrionismo. Sus declaraciones sobre la comida colombiana como potaje carcelario, el destemplado canto de O Sole Mio, el muy imbebible ron de su marca personal y sus trajes siempre un tallaje por debajo del que corresponde han sido la manera en que De la Espriella se presenta al mundo. Es su método. Ha hecho de la exageración su forma de existencia pública y su candidatura no hace sino elevar ese devenir a programa político.

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Desde el lanzamiento de su campaña en el Movistar Arena hasta el reciente paseo de un cybertruck con su cara pintada por Ponedera (uno de los municipios más pobres del país) el show y la espectacularidad han sido su carta de presentación. Todo en él se circunscribe al chillido, la iridiscencia, el ruido. De la Espriella ha aprendido que en el ecosistema social y político basta con ocupar un espacio sonoro para parecer relevante. El problema es que ha construido su candidatura sobre el calco sistemático de otros políticos y otras políticas. El símbolo del tigre emulando al león de Milei, el eslogan de la “patria milagro” importando el “milagro Bukele”, e incluso el otro eslogan, “los nunca”, que se asocia de manera inevitable a “los nadie” utilizado por la izquierda en alusión al texto de Eduardo Galeano. Sí, un candidato que se reivindica como contrario a la izquierda termina apelando y parafraseando sus consignas emocionales. En él nada parece propio ni genuino, todo es una mezcla de fórmulas que finalmente resultan en chabacanería barata pero no por ello inofensiva.

Seguramente con tanta pirotecnia lo que pretende es distraernos de cuestiones fundamentales como su pasado plagado de sucesos oscuros. Denuncias de periodistas como Daniel Coronell han documentado su presunta responsabilidad en la pérdida de 5.000 millones de pesos de DMG y sus apariciones en fotografías con narcotraficantes. También está su relación con Alex Saab y su función como puente entre las AUC y el gobierno Uribe, según declaraciones del exparamilitar Salvatore Mancuso. Lo otro de lo que quiere distraer la mirada es del inmenso vacío. He escuchado con atención algunas intervenciones del candidato y es notorio su desconocimiento del Estado colombiano y de sus necesidades estructurales. El pastiche simbólico que ha construido le sirve para vociferar algunas consignas aprendidas, pero no para proponerle al país un camino serio, plausible y aterrizado. Su ideario se circunscribe a un autoritarismo caribeñizado que pinta la mano dura como solución a todos los fenómenos sociales de Colombia.

De la Espriella es un candidato mediocre, y creo que ahí está su verdadera peligrosidad. Quien no tiene ni idea de lo que hace pero está sediento de aprobación, dominio y poder, siempre recurrirá a la fuerza bruta para mantenerse en posición. Eso ya lo hemos visto repetidamente en la historia política de la humanidad. En los albores del fascismo italiano esta colectividad fue inventando su devenir y su esencia sobre la marcha, improvisando y fusionando improbables, lo único constante desde su fundación hasta su fin fue la utilización de la fuerza bruta y la violencia como herramienta fundamental. Yo espero que Colombia haya dado un salto cualitativo importante que le impida elegir a Abelardo, la posibilidad de que dirija el país es un abismo al que no deberíamos asomarnos.

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