La han comparado con homínidos, han caricaturizado su peso y su vestuario, se mofan de su manera de hablar. Le han inventado hijas que convenientemente salen en redes sociales a desprestigiarla, han hurgado en sus ingresos y en sus lazos familiares. Han convertido su principal consigna política en una muletilla burlona que ridiculiza sus orígenes. Le cuestionan la forma en la que se moviliza por el país y la acusan permanentemente por su falta de clase. La han amenazado de muerte. A Francia Márquez la han hostigado de casi todas las maneras posibles aun cuando ostenta el segundo cargo de elección popular más importante del país.
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Lo que ocurre con la vicepresidenta no es fortuito y pone el acento en discusiones que Colombia aún se resiste a adelantar. Márquez ha sido objeto de esta andanada por ser afro, mujer, trabajadora y alternativa en un país racista, misógino, clasista y godo. Ningún alto funcionario ha tenido que salir a recordar de manera reiterada el cargo que ostenta. En contraste, “yo soy la vicepresidenta” es una frase que Francia debe lanzarles cada cierto tiempo a quienes aún no aceptan que una mujer negra, exempleada doméstica y oriunda del Cauca sea la segunda al mando. Tampoco ningún vicepresidente había tenido que contestar preguntas sobre la utilización de la casa vicepresidencial o de los vehículos de la nación. Le toca a Francia porque hay un grupo de personas que aún creen que esas son atribuciones exclusivas de una élite.
A propósito de Francia, también vale la pena hablar sobre el cambio como una forma distinta de hacer política, es decir, como un ejercicio del poder que da la cara al país, que pone discusiones novedosas en la mesa, que conversa con los olvidados históricos y que llega a lugares donde el Estado solo ha hecho presencia con balas. El cambio no puede ser el ascetismo y la renuncia a los bienes que permiten avanzar el propósito de la transformación, esto sería más bien la reproducción del destino manifiesto que unos pocos les han impuesto a las mayorías colombianas.
Ojalá quienes han salido a cuestionar a Francia Márquez por sus recientes declaraciones ampliaran el espectro de análisis para comprender los orígenes de su molestia, así tal vez por fin las discusiones fundamentales podrían empezar a florecer. Mientras tanto, así muchos aún no lo acepten, ella es la vicepresidenta, con todo lo que ello implica.