Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Hace algunos días, Shakira lanzó su último sencillo con el productor argentino Bizarrap. La canción ha roto marcas históricas para los músicos latinos y ha llegado a ser la más escuchada en las plataformas de streaming. Enhorabuena por ella y por Biza. Sin embargo, la conversación en redes sociales sobre la sesión no se ha hecho esperar puesto que el contenido de la letra es alusiva al divorcio de la cantante. Amargada, resentida, mala madre, vengativa y abusiva son solo algunos de los apelativos que ruedan por los comentarios a propósito del lanzamiento.
Quisiera decir que me sorprende la exagerada hostilidad de las reacciones, pero no es así. Shakira y las mujeres en general somos examinadas bajo una lupa que nos exige estar siempre por encima de la media. Se nos ha condenado a la censura y se nos han negado sentimientos inherentes a la condición humana. Las mujeres no podemos experimentar rabia, dolor, frustración ni furia. Se nos recuerda permanentemente que nuestra dignidad y valía dependen del silencio. Una dama sufre y calla. Una dama soporta. Una dama llora en casa. Los hombres, en cambio, pueden navegar por la condición humana sin mayores reclamos.
En el caso de Shakira, un patriarcalismo más soterrado consideró que era importante proponer conversaciones sobre la responsabilidad, el amor y el poder porque, en efecto, ella, aun siendo la artista latina más grande de la historia reciente, es mujer. No ha sucedido lo mismo con los cientos de artistas hombres que periódicamente plasman su despecho en sus obras y son graduados de viscerales, magistrales y honestos. Entonces, lo importante no es ni fueron los debates sobre la convivencia emocional sino devolver a una atrevida a su sitio original: la compostura.
Después de esta cascada de reacciones, deseo fervientemente que se entienda que las mujeres no queremos perpetuar el estandarte moral sobre el que se ha edificado el mundo, mucho menos un mundo que se ha concebido en el cerebro de los hombres. Tampoco queremos seguir ocupando el lugar que ellos nos han destinado. Las mujeres queremos ser libres, explorar toda la gama de emociones que nos ofrece el existir en esta tierra. Destrozar los tres arquetipos que nos han diseñado para vivir correctamente. Celebro entonces a Shakira y a su herida sangrante. Celebro a mis amigas. Celebro a mis enemigas y a su rabia. Celebro a las mujeres, lloren o facturen.
